Hector Salas-Gallegos 

Criticas 

Cuando se trata del odio, soy un talento generacional. No sé cuándo adopté este rasgo vil o cuándo ocurrió el trauma que me hizo salir de la infancia como misántropo. Pero lo que sí sé es que a la gente le caigo bien por eso. 

Pero ya sabes, cuando llegas a los 25 y tu corteza prefrontal se forma, y andas por ahí con el lóbulo frontal más gordo, empiezas a ver el mundo de manera diferente, hasta podrías empezar a correr. 

Esto es lo que he aprendido entrenando para mi maratón del 29 de septiembre. Cómo ser conocido y, por lo tanto, amado. 

Siempre fui medio cursi, ese es mi secreto. Solo que mi actitud de “hater” me ayuda a llevar una vida sin riesgos. 

Empecé a correr porque me harté de ver a mis amigos subiendo sus carreras a Strava con ese aire de superioridad, como si fueran mejores que yo. Mi inseguridad egoísta me hizo empezar a trotar en la pista de la prepa local. Con el tiempo, fui coleccionando tenis para correr y esos shorts con spandex. Me compré guantes y una mochilita de agua que hace que sepa a plástico caliente. 

Después de un año corriendo, por fin me dejé disfrutarlo. Del resentimiento salió la alegría. 

Un rapido paréntesis: Dejar que me guste algo es como ir a Foot Locker y pedirle al vendedor que me traiga unos tenis de mi talla. Se siente peligroso. No me mires. No veas las cosas que disfruto, porque vas a hacer lo que yo: juzgarlas. No comentes sobre los tenis, no me digas el total, no me des la caja. Solo acepta el pago y déjame salir corriendo al coche en paz. 

Que me juzguen es de mis peores pesadillas. 

Odiar es una táctica que uso para mantener a la gente a distancia, distrayéndolos con emociones fuertes hacia algo. Odiar es decir que no eres algo. Si odio los libros de autoayuda, es porque quiero negar que tal vez necesito lo que prometen solucionar. 

Disfrutar correr, sin embargo, me ha enseñado que si todo lo que haces es pasar el tiempo odiando—rechazando a los que han encontrado una comunidad—y te enfocas en mantenerte

misterioso, entonces no has reclamado nada para ti mismo. Solo te quedas con ejemplos de lo que dices no ser. Si no eres algo, no eres nada. 

Sí, me veo ridículo con mis zapatos de correr y mi reloj GPS carísimo. Pero es liberador reclamar algo como mío, dejar de esconderme detrás del rechazo y en realidad abrazo algo. 

Últimamente he estado pensando en esta frase: “Ser amado es ser conocido”. No sé de dónde la saqué, pero captura perfectamente cómo me siento al ponerme en posiciones vulnerables. No importa el contexto, ya sea una relación, un club, la escuela, hobbies o el trabajo, no hay posibilidad de ser amado sin arriesgarte a ser evaluado, a ser juzgado. 

Lo que estoy entendiendo es que el dolor, el progreso, el amor, el rechazo, la alegría y la aceptación que crean una vida feliz están directamente relacionados con cuánto me permito ser conocido. Cuánto me arriesgo a ser visto tal como soy. 

Al odiar, por muy bueno que sea, no estoy tomando ningún riesgo, es todo lo contrario. Pero al gustarme algo, al atarme a algo y dejar que me lleve, me permito ser amado por las cosas que amo. En voz alta y en público. 

Cómo lidiar con los golpes de nostalgia 

Tus 20s (y si tuviera que adivinar, también tus 20s tardíos) son un ciclo brutal de conocer a un montón de gente, olvidar a la mayoría, extrañar a algunos y reencontrarte con unos pocos. 

Voy a admitirlo: extraño a mucha gente. Siempre he sentido que es una injusticia no poder mantener a todos en mi vida y coleccionarlos como tarjetas de béisbol. Mira, esta es mi Diana de 2013. Este es mi Jacob de 2020. Te mostraré a todos a los que he querido y notarás que no acumulan polvo. Dios, cuánto los amo a todos. Qué egoísta suena eso. 

He tenido la suerte de reconectar con uno de mis mejores amigos gracias a que empeze a correr. Siempre hemos estado cerca, pero correr juntos ha abierto nuestros corazones para ver la vida como algo hermoso que nos pasa, en lugar de una carga. 

Nuestras carreras no son rápidas ni particularmente desafiantes, pero son ese tiempo sagrado en el que nos ponemos al día y hablamos de todo. Es la honestidad en la amistad, gracias a un objetivo compartido. 

Como alguien que sufre de nostalgia a flor de piel, reencontrarte con un amigo es trágico en el sentido de que el tiempo no perdona, pero es hermoso porque puedes mirar atrás y ver lo lejos que han llegado. Es común que llore por extrañar tiempos más simples. Es raro que llore por estar de vuelta en ellos. 

A menudo pienso en las personas con las que he tenido la suerte de ser amigo a lo largo de los años y me gustaría dedicar una semana solo a escribirles cartas, pero mejor lo hago aquí.

Gracias por tu amistad. Fuiste muy importante para mí en su momento. Espero que nos volvamos a ver pronto. Soy una persona completamente diferente.