Hoy, el Papa Francisco se ha ido, una de las personas más importantes del mundo, y a la vez, una de las más queridas. Es una pérdida incalculable a nivel mundial.

Independientemente de nuestras creencias religiosas, o la carencia de ellas, es fácil reconocer que pocos personajes de la historia y del mundo actual han sido de su talla. Fue un hombre sabio y lleno de humildad, un humanista preocupado siempre por los pobres y los desprotegidos, por la educación de la juventud, por los inmigrantes, por los derechos humanos, incluyendo los de la comunidad LGBTQ, los derechos de la mujer, la paz.

El Papa Francisco, en 2020, hizo algunas declaraciones sobre la educación, “…La educación se propone como el antídoto natural a la cultura individualista, al culto del yo – que degenera en un culto del egoísmo y es base de la indiferencia.” Decía que la educación crearía condiciones más humanitarias. 

Este año, dijo: “A causa de las guerras, las migraciones y la pobreza, unos doscientos cincuenta millones de niños y niñas, carecen de instrucción.” Propuso que todos los niños debían tener derecho a la instrucción sin importar su situación migratoria. “La educación… puede salvar a los migrantes, a los refugiados, de la discriminación, de las redes de delincuencia y de la explotación… y ayudarlos a integrarse en las comunidades que los están acogiendo… Y así los migrantes y refugiados pueden contribuir a la sociedad, ya sea en su nuevo país o en su país de origen si deciden regresar, y no olvidemos nunca que quien acoge al forastero acoge a Jesucristo”.

La educación puede hacer toda la diferencia. Podemos hoy detectar que entre algunas personas poderosas actualmente hubo una carencia de estudios de civismo en su pasado que les hubiera enseñado no solo la civilidad con otros, sino que les habría dado también una base firme sobre los derechos de los demás, y las leyes, que establecen una sociedad de paz y justicia.

Se olvida con frecuencia que la riqueza de mayor valor que tenemos es nuestra mente, y es lo que nutrimos con la educación.

Saber dos lenguas nos hace más sabios. Dentro de las escuelas,  a veces los maestros confunden el hecho de que los niños cuya lengua materna no es el inglés traten a los niños como si fueran de lento aprendizaje o con alguna discapacidad. Es claro que solo al principio se dificulta entender conceptos en otra lengua. Pero la verdad es que quien habla dos lenguas sabe más que quien habla solo una. Conozco a algunos padres de familia, cuya lengua materna es el español, que están orgullosos de que sus hijos no lo hablen y sepan solo inglés. Es una lástima.

Es casi gracioso que algunos de los angloparlantes, cuando sus hijos tienen la oportunidad de aprender una segunda lengua, la aprovechan. Está muy claro que esto los enriquece y los hace saber más. A esos niños angloamericanos nadie los considera discapacitados por aprender dos lenguas. Una segunda lengua, una tercera, o más, representa una apertura a un entendimiento mucho más amplio del mundo, y todo lo que el conocimiento en general nos aporta. 

Es muy importante que los padres y madres que hablan español puedan enseñar a sus hijos a aprenderlo mientras los niños aprenden inglés en la escuela, la televisión, los juegos, los libros. Si es posible promover que lean y escriban en español, aparte del inglés, se multiplican las facultades de los niños. No podemos desperdiciar la oportunidad. 

En España, durante la dictadura de Franco, estaban prohibidos el catalán, el euskera o vasco, y el gallego. Estas tres lenguas sobrevivieron después de los 36 años de dictadura, porque las familias se empeñaron en mantener esas lenguas vivas y en uso, aunque tuvieran que usarlas a escondidas. En Gales (Wales) una provincia en Gran Bretaña, el galés (Welsh) es obligatorio en las escuelas. 

Es importante darse cuenta de que una lengua es una cultura, una manera de ver el mundo, de comportarse, de celebrar a otros, de proteger a nuestras comunidades, de percibir la naturaleza, de sentir emociones, de respetar. Si consideramos que el conocimiento nos hace mejores, y nos ayuda a hacer también un mundo mejor y más humano, como decía el Papa Francisco, el aprender y saber más de una lengua también nos ayuda a hacer un mundo mejor, más compasivo, civilizado y protector del ambiente.

Maria E. Cuthbert es fundadora de la “Dual Immersion Academy” en Grand Junction, y ha sido profesora en diversas escuelas y universidades y habla cinco idiomas.

La cultura al Sol