Por Vanessa Porras
Artista existencial
Uno de los nombres más reconocidos de México, es del muralista, Diego Rivera. Durante mi reciente viaje a la Ciudad de México, tuve la oportunidad de ver algunas de sus obras. Es una experiencia bastante surreal cuando ves en persona una obra de la cual has leído en tus libros de historia de arte. La obra de la que hablo se llama, El hombre controlador del universo. No recuerdo cuándo fue la primera vez que leí sobre esta obra, pero la recuerdo por la controversia que causó.
Al observar, el mural en su inmensidad y contemplar su polémica, me puse a pensar: ¿Cuál es el verdadero poder que tienen los artistas? No solo en lo que respecta a sus obras, sino también en la política y sus críticas hacia ella. En este viaje, llegué a ver las biografías de muchos artistas que se llamaban a sí mismos activistas e incluso usaban su arte como propaganda.
Las obras de Rivera han sido consideradas como monumentos históricos por el Gobierno Mexicano y también ayudaron a establecer el muralismo en México entre los años 1910-1920 después de la Revolución Mexicana. Las obras de Rivera al igual que obras de otros artistas se volvieron aún más radicales durante este tiempo, intensificadas por la Gran Depresión, la Primera Guerra Mundial y el gran deseo de una revolución social, económica, y política.
A pesar de que hoy en día, El hombre controlador del universo, se encuentra en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, es una réplica del fresco original. Antes de que el mural fuera realizado en las paredes del Palacio, fue comisionada para ser creada en el Centro Rockefeller en la ciudad de Nueva York por la familia Rockefeller, con el título, El hombre en el cruce de caminos.
Se suponía que Rivera representaría el contraste del capitalismo ante el comunismo en el mural de tres paneles. Pero después de la crítica llamando la temática del mural, “propaganda anti-capitalista” por el periodico, The New York Telegram, luego conocido como The Sun, uno de los periódicos más exitosos de su tiempo, la respuesta pasivo-agresiva de Rivera fue incluir el retrato de Vladimir Lenin quien fue un revolucionario y líder comunista ruso al igual que el primer y máximo dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS por sus siglas en inglés).
Después del descubrimiento del retrato de Lenin, Nelson Rockefeller, entonces director del Rockefeller Center, le pidió a Rivera que cambiará el retrato que originalmente se había acordado sería un obrero con gorro, pero la respuesta de Rivera fue, “antes que mutilar la concepción, preferiría la destrucción física de la composición en su totalidad, pero preservando, al menos, su integridad”. Y así es como tan solo dos meses después de su comienzo, el mural de Rivera se ordenó ser destruido y reemplazado.
Tan solo un año despues en 1934, usando las unicas fotos de blanco y negro que existian del mural tomadas por el mismo Rivera, reconstruyo su vision del mural con motivo de la inauguración del Palacio de Bellas Artes. En el centro, vemos a un obrero rubio que controla las fuerzas mecánicas y naturales del universo, en sus ojos se puede ver la angustia y la incertidumbre hacia el futuro, ya que “deberá elegir entre la amenaza del capitalismo representado por Estados Unidos y la promesa del socialismo representado por la Unión Soviética”.
Así que regreso a mi pregunta inicial: ¿Cuál es el verdadero poder que tienen los artistas? No supongo tener la respuesta de la mayoría de las preguntas filosóficas que a veces hago, pero pienso que tan solo plantear la pregunta es importante. Aún más importante pienso que es mantener la integridad no solo de lo que piensas sino de tu trabajo. El poder de un artista proviene de su integridad y de su disposición a defender su creación. En el caso de Rivera, los Rockefellers eran admiradores de sus obras, no de sus creencias. Tomo este ejemplo como moraleja: A muchos no les gustara lo que haces, pero habrá a quien si, y te admiren por ello.
