Leyendas a la oscuridad de la luna

Entre los pueblos que han recibido la influencia de las mitologías y leyendas nórdicas y germanas, en lo que ahora se llama Europa Septentrional, existe una leyenda de vísperas navideñas que utiliza elementos culturales propios de épocas vikingas, en combinación con algunas creencias católicas, para dotar de un aura terrorífica y demoníaca a Krampus.

Arte por Jacquelinne Castro

Krampus es hijo de Hela, guardiana del Hel, el inframundo en la mitología nórdica. Hela, a su vez, es hija del dios del engaño Loki y de la gigante Angrboda. Como hija del dios del engaño, ha heredado el poder de transfigurar y cambiar de apariencia. Aunque su verdadero aspecto físico es mitad mujer bella y mitad cadáver en descomposición, también puede transformarse en un gigante que cuida de las almas de los muertos en vejez o enfermedades.

El nombre de Krampus proviene del vocablo alemán antiguo krampem, que se puede traducir como garra. El nombre rinde honor a su apariencia demoníaca, con patas y pezuñas como de caballo o mula, manos largas y humanoides, cuernos de cabra, colmillos filosos, orejas de elfo y lengua puntiaguda, además de un cuerpo repleto de pelaje oscuro y grueso, similar al de un oso. A estos atributos de inframundo se suma un cuerpo robusto y grande, del que cuelgan gruesas cadenas con campanas y cascabeles, además de un gran costal donde carga a los niños que han desobedecido a sus padres y se han portado mal.

Cada noche del 5 de diciembre, Krampus vaga por los pueblos y aldeas repletos de nieve. Los habitantes de aquellos pueblos dicen haber escuchado los choques de cadenas y el tintineo de campanas y cascabeles desde las profundidades de los bosques y las montañas. Se dice que aquella noche es especialmente fría y que los primeros en ser castigados por el mítico ser son los niños que no han entrado a sus casas antes de la caída del sol. A estos los azota con una rama de abedul a mitad del bosque y después los deja a su suerte, considerándolos afortunados por solo haber recibido azotes.

Se dice que el demonio podría entrar por chimeneas apagadas o puertas y ventanas mal aseguradas, y que, en su afán por castigar, podría utilizar sus garras para romper seguros o abrir candados. Los desafortunados niños que fueron visitados por Krampus se despertaban con un susurro a mitad de la noche, con sollozos, llantos y gritos lejanos de las anteriores víctimas que se encontraban en el fondo del costal, siendo este el presagio de su destino junto a las almas tristes en los dominios de Hela, la madre de Krampus.