En los últimos años, el término “intestino permeable”, también conocido como aumento de la permeabilidad intestinal, se ha vuelto popular tanto en redes sociales como en consultas médicas alternativas. Pero ¿qué significa realmente y qué tan cierto es este fenómeno? La respuesta, según los expertos, no es tan simple como parece.

La digestión comienza en la boca y continúa en el estómago, donde los alimentos se descomponen antes de pasar al intestino delgado, un órgano de aproximadamente seis metros de largo. Finalmente, las bacterias del colon, conocidas como el microbioma intestinal, completan el proceso digestivo.

En el intestino delgado, los nutrientes pasan al torrente sanguíneo a través de pequeñas proyecciones llamadas vellosidades, cada una con diminutos capilares. La pared del intestino delgado tiene solo una capa de células, cuya función es dejar pasar los nutrientes esenciales, pero impedir que sustancias dañinas, como bacterias, toxinas o fragmentos de alimentos no digeridos, entren al cuerpo.

El llamado intestino permeable se refiere a una falla en esa barrera natural, cuando deja pasar al torrente sanguíneo sustancias que no deberían cruzar. En condiciones normales, esta barrera funciona muy bien, pero en enfermedades como la enfermedad de Crohn o la celiaquía puede dañarse, permitiendo el paso de compuestos inflamatorios que contribuyen a diversos problemas de salud.

Según Harvard Health Publishing, algunos estudios han sugerido una posible relación entre el intestino permeable y enfermedades autoinmunes como lupus, diabetes tipo 1 o esclerosis múltiple. También se ha vinculado con el síndrome de fatiga crónica, fibromialgia, artritis, alergias, asma, acné, obesidad e incluso algunos trastornos mentales. Sin embargo, los investigadores aclaran que la evidencia científica aún no es concluyente y que hacen falta más estudios para confirmar estas asociaciones.

¿Qué factores pueden dañarlo?

Algunos expertos, como el Dr. Alessio Fasano,director del Center for Celiac Research and Treatment en el Massachusetts General Hospital for Children, señalan que ciertas personas podrían tener una predisposición genética a desarrollar permeabilidad intestinal.

Además, la Harvard Health Publishing advierte que la dieta estadounidense típica, baja en fibra y alta en azúcares, carnes procesadas y grasas saturadas, puede contribuir a dañar esta barrera natural. El consumo excesivo de alcohol también puede alterar las uniones entre las células intestinales, facilitando el paso de toxinas y bacterias al torrente sanguíneo.

Por su parte, el Dr. Michael Greger, médico y fundador de NutritionFacts.org, cita investigaciones que vinculan el consumo de productos animales con un mayor riesgo de permeabilidad intestinal. Según explica, las personas que mantienen una dieta basada en alimentos vegetales tienden a tener una microbiota más diversa y un revestimiento intestinal más saludable, lo que podría explicar su menor incidencia de enfermedades inflamatorias y autoinmunes.

Cómo proteger el intestino

Los especialistas coinciden en que la mejor manera de cuidar el intestino no está en los suplementos o dietas milagrosas, sino en los hábitos diarios. Una alimentación rica en fibra, antioxidantes y micronutrientes, y con propiedades antiinflamatorias, es la clave.

En otras palabras, una dieta basada en alimentos vegetales integrales, sin sal, azúcar ni aceites añadidos, sigue siendo la más efectiva para fortalecer la barrera intestinal y reducir la inflamación general del cuerpo.

Los frijoles, lentejas, frutas frescas, verduras, granos integrales, semillas y frutos secos son aliados fundamentales para una buena salud digestiva. Además, beber suficiente agua y reducir el consumo de alcohol, alimentos ultraprocesados y grasas animales ayuda a mantener la integridad del intestino y una microbiota equilibrada.

Desmintiendo mitos

El Dr. Fasano advierte que no existen pruebas confiables para diagnosticar el llamado “síndrome del intestino permeable” ni evidencia científica que respalde el uso de suplementos, probióticos o dietas comerciales, como la popular “Eat Dirt”del quiropráctico Josh Axe, para curarlo.

Tampoco hay un análisis de laboratorio que pueda confirmar la presencia o ausencia de intestino permeable. “¿Cómo se puede afirmar que un tratamiento lo cura si ni siquiera existe una prueba que confirme el diagnóstico?”, cuestiona Fasano.

Como concluye la revista Nutrition Action, del Center for Science in the Public Interest:

“No pierda su tiempo ni su dinero en dietas o pastillas que aseguren reparar el intestino permeable. La mejor medicina sigue siendo una alimentación saludable y equilibrada.”

Mantener un intestino sano no requiere productos costosos ni soluciones mágicas. Se trata de volver a lo básico: comer alimentos naturales, moverse más y cuidar el cuerpo con respeto y constancia.

Para quienes desean aprender más sobre cómo la alimentación puede prevenir y revertir enfermedades crónicas, habrá un recorrido gratuito con el Dr. Feinsinger en City Market, donde se hablará sobre cómo elegir alimentos saludables y leer etiquetas de manera consciente.  Para participar, envía un mensaje de texto al 970-989-3513

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