Por Vanessa Porras
Artista existencial

Tengo meses de haber regresado de Ciudad de México y aun no puedo dejar de hablar sobre el Museo Soumaya. El arte es capaz de captarte y hacerte pensar en él día tras día y año tras año. Para los románticos empedernidos como yo, entre más aprendo sobre este edificio más me enamoro de él. Sin antes saber nada sobre Museo Soumaya, y a pesar de que ya se ha hecho esta comparación antes, desde el momento que di mi primer paso en el piso de mármol me recordó al Taj Mahal.

Olvidamos muchas veces que la arquitectura también es una forma de arte. El Taj Mahal, ubicado en la India y reconocido como una de las siete maravillas del mundo por UNESCO, se compara al Museo Soumaya no solo por su maravilla arquitectónica y su esplendor, sino más bien por la razón de su creación: el amor a una mujer.

Al contrario de lo que se cree, el Taj Mahal no es un templo, si no un mausoleo comisionado en 1631 por el emperador Mughal, Shah Jahan después de que su tercera (y favorita) esposa Arjumand Banu Begum, mejor conocida como Mumtaz Mahal, falleciera durante el parto de su 14º hijo. Se dice que Jahan estaba inconsolable después de su muerte, ya que más allá de ser su esposa también era su confidente política e incluso llegó a acompañarlo en batalla mientras estaba embarazada.   

Similarmente, el magnate Mexicano Carlos Slim, comisionó el Museo Soumaya en homenaje a su difunta esposa Soumaya Domit quien falleció de problemas renales en 1999. Domit, también era la mano derecha de Slim. Aparte de ambos ser aficionados del arte y filántropos, el legado de Domit fue la creación de un marco legal para la donación de órganos en México, un tema personal para ella ya que antes de fallecer por complicaciones de los riñones ya había perdido a su padre y hermano por la misma razón.

Estos homenajes arquitectónicos son una declaración de amor al resto del mundo. Para la construcción del Taj Mahal, Jahan pidió que los mejores artistas y arquitectos musulmanes del país diseñaran un mausoleo digno de Mumtaz ya que la intención era que fuera inmortalizada como epítome de la belleza femenina. El resultado fue un monumento impecable de mármol blanco inspirado por la descripción del cielo en el Corán, y es una combinación de arte y tradiciones persas, otomanas e islámicas. 

Semejante al Taj Mahal, el diseño y construcción del Museo Soumaya se hizo con meticulosa atención al detalle. Tan solo la fachada “imposible de construir” fue creada usando 16,000 hexágonos de aluminio que dan la ilusión de estar flotando y que se ensamblan a solo milímetros una de la otra, encajando perfectamente. Slim, con fama de mantener negocios entre familia, contrató a su yerno Fernando Romero como arquitecto para llevar a cabo esta complicada visión. Hay quienes dicen que el Museo Soumaya, al igual que el Taj Mahal, también es un símbolo de la feminidad ya que da la apariencia de la cintura de una o un corset  aunque las Fundación Slim dice que la figura es reminiscente a las obras escultóricas de Auguste Rodin.

Ambos monumentos tienen el elemento de reflejo. En el caso del Taj Mahal el mármol reflejaba no solo el color del sol dependiendo de la hora del día, sino también reflejaba el cielo al igual que la piscina localizada en frente. Esto se hizo con la intención de implicar la presencia del dios islámico Alá. En el caso del Museo Soumaya, la fachada también tiene el mismo efecto de reflejo a la luz del sol y el cielo, en cambio hasta hoy, no se ha dado una razón por el uso del aluminio más allá de durabilidad y conservación. En los tiempos de antes se creía que el alma de una persona estaba contenida en su reflejo. Pero eso ya es especulación mía. 

No hay duda de que estos homenajes de amor en lados opuestos del mundo, construidos en tiempos distintos, con técnicas y tecnologías muy diferentes, aun emanan el amor y la admiración hacia las mujeres a las que se suponían honrar. Y a su manera, ambas son obras maestras y un regalo a aquellos que tenemos la suerte de disfrutar de ellas.