Flor Figueroa nos cuenta sobre su restaurante, El Sazón de Mi Tierra, el cual maneja con su hermana. Se ubica en 1605 Grand Ave STE H Glenwood Springs, sirviendo comida auténtica méxicana, y se puede contactar llamando a 970-512-5932.
¿Desde cuándo existe y como se nombró?
El restaurante empezó en noviembre de 2002. Yo nací en Aguascalientes pero me crié en Zacatecas. Mi mamá siempre tuvo minis taquerías o restaurancitos — se las llama fondas en México — y siempre ella decía que cuando uno tuviera un negocio de comida, uno siempre debe meterle el sazón de su tierra. Porque cada tierra tiene un sazón diferente, un sabor, un platillo.
¿Cuál es el sazón tuyo?
Mira, en el menú tenemos varios platillos súper que llaman la atención y que son muy auténticos mexicanos. Tenemos un platillo que es el machete. Es un platillo muy mexicano original de la Ciudad de México. Es una masa larga como va en una tortilla en úvula larga hecho al instante. Se prepara al instante, es lo que lo hace tan delicioso. Sale 100% fresco y eso lo puedes combinar con cualquier tipo de carne y te va a saber delicioso.
¿Qué tal llevar un negocio así en el Valle?
Desde que yo comencé el negocio, yo he aprendido muchísísísimo de absolutamente todo lo que implica un negocio tipo restaurante. He aprendido desde llevar finanzas, aprender a llevar un personal, poder tener la capacidad y el carácter para poder dialogar con muchos tipos de personas … He aprendido a sobrevivir en un mercado tan difícil porque un negocio de esta magnitud — no es una fonda, no es otro tipo de restaurante — ha sido muy difícil. Mi experiencia en total ha sido muy interesante y a la vez muy, muy bonita.
¿Qué te motiva a continuar?
Lo sigo haciendo por muchas cosas. Principalmente, de este negocio habemos 12 familias que se sustentan — somos empleados. Con mucho gusto le das a los empleados esa paga y a ver sus caras de agradecimiento y felicidad, eso no tiene precio.
El siguiente, me encanta la comida. De hecho, cuando yo comencé el menú era típico de aquí de Tex-Mex, por así decirle. Cuando yo me hice cargo de la cocina, todos los platillos fueron completamente modificados. Mejoré desde los frijoles, el arroz, todos los platillos, las salsas, las carnes … allí fue donde yo le metí el sazón que mi mamá tanto decía de nuestra tierra.
Y la tercera y última, pero no menos importante, es convivir con la clientela. Hemos tenido clientes que desde que se sientan y vean el platillo se quedan impresionados y dicen “De verdad esto se ve delicioso, vamos a ver si lo está”. Lo prueban y dicen, “Vaya, esto si es auténtico.” El que un cliente se regrese y diga, “Gracias, de verdad esto está delicioso”, esto es un pago con oro. Con eso estoy más que feliz, y eso es lo que me motiva a continuar, a seguir.
