¡Leven anclas!

En el soccer, como en la vida, todos somos iguales. Dicen que en la vida todos vamos hacia el mismo camino: la pelona. Pero en el fútbol, todos vamos por lo mismo: la pelota. Una letra lo cambia todo. Un ratito también lo cambia todo. Tal y como se dice en la película Rudo y Cursi de Carlos Cuarón (que a propósito les recomiendo), la vida es como el fútbol: todos quieren con ella (la pelota), pero ella no quiere con todos. 

Sin entrar en detalles de cuándo o quiénes crearon este hermoso deporte, está claro que en el Valle Roaring Fork, el pick up soccer llegó para quedarse desde hace tiempo. El pick up, es más que fútbol, es un encuentro multicultural, un espacio para socializar y hacer deporte. Todo incluido. No distingue género, edad, estatus migratorio, condición social, profesión. Ni siquiera peso ni talla. Sobre todo peso, para quienes los 30 ya nos pasaron por encima. 

Hay quienes se identifican con aquel “gordito” o “rodillón”  que ya no corre sino que es muy bueno usando su cerebro: un genio con la pelota.  Está el muchacho que se quiere tragar el mundo con cada zancada, y todavía aspira con llegar a la profesional. 

Allí te encuentras con tu niño interior, con el que todavía sueña con ser Ronaldinho, Messi o Cuauhtémoc, cada vez que agarra la pelota. Es para muchos, el momento más feliz de la semana. Inmadurez constructiva. 

Es difícil describir lo que siente una persona al pisar el pasto, con el sonido de los sprinklers de agua y la hermosa vista del Sopris. Es difícil sacarse toda la noche el sonido de las pisadas sobre la madera de las escuelas que nos alquilan los gimnasios que les sobran. Hombre, no es lo mismo jugar en aquí, que jugar en cualquier otra parte del mundo. Acá se juega y se da un hike al mismo tiempo, y a la vez haces poesía con el balón. Con este hermoso paisaje del Valle, es difícil concentrarse en la pelota.

En invierno, puedes ir a las escuelas o a los centros recreativos. En verano hay ligas en CMC, o pick up a lo largo y ancho de todo el valle. Es mixto de género, y si no has ido, pregunta en estos lugares. El único riesgo que se corre es terminar en un grupo de Whatsapp, agregado con información de cuando se juega y recibiendo memes sobre fútbol. 

No nos distingue nada. iNada es nada! Todos somos iguales en la cancha. Uno de estos desconocidos te puede brindar un rato de alegría, una buena conversación, incluso te puede ayudar a superar algo que te enredaba durante la semana. Puedes conseguir trabajo, hacer una buena amistad, encontrarte con el maestro de tus hijos, tener una buena recomendación de un restaurante. No se pierde nunca. Solo se gana. 

Y aquí otro pensamiento de la peli que les mencioné más arriba. “Dicen que las primeras guerras de la humanidad sucedieron entre hermanos, y que más tarde, nació el juego para evitarlas imitándolas simbólicamente. Es una lástima que en nuestros días se confunda la guerra con el juego, y el juego con la guerra. Especialmente entre hermanos”.

Muchos hemos discutido  por el soccer, con alguien de nuestra familia. Es cierto, “al que le gusta el soccer, no le gusta el orden”, decía una tía mía. 

No planeamos, nos dejamos llevar por una ansiedad incontrolable, que a veces nos trae estas discusiones. No culpo a quienes nos ven de lejos, estamos un poco enfermos de fútbol. Cuando llegamos a las casas hablamos de que tal por cual no pudo quitarme el balón, Que le hice un caño a este carnal, que me buscaron pelea pero luego salió huyendo de mi fuerza descomunal.…de que soy el pibe de mi valle (en alusión a la canción de Dr. Krapula: El pibe de mi barrio, también recomendadisima). 

Sí, todos sufrimos sacando ese ratito de ensueño que tanto significa para nosotros. Para luego estar adoloridos toda la semana, orgullosos de cojear. Unos dicen en el “after-party”: toma limón con cúrcuma, eso te ayuda a estar bien. Otros dirían, solo estira, que con una chela o un burrito de La García’s se nos pasa. ¡Todo vale un carajo!

 Si ves a alguien cojear en el mercado, en la iglesia o en tu trabajo, tenlo por seguro, viene del pick-up. 

Recientemente, un grupo de jugadores profesionales del Domingo, organizó una barbacoa en el último día del otoño, para celebrar el cierre de la temporada.  Todos estaban invitados junto con sus familias.  Ya te das cuenta cuando ves a las familias reunirse, lo mucho que importa y los que trasciende un balón. 

Que nos une una cultura del balón, pero también de la amistad y el juego limpio. Una cultura de calle y barrio, en la cual muchos le hicimos un “caño” a la pobreza, o un gol al tan peligroso desocupe

Ahí te das cuenta que somos un valle multicultural, y te preguntas porqué hay tanta estupidez en este mundo, cuando hace ya tiempo que se inventaron la cohesión social a través del juego. Que a veces la unidad y la felicidad colectiva se nos presenta en forma de un balón pecoso y redondito.