Leyendas a la oscuridad de la luna
Jackie Ramirez
El animal mitológico, Ahuítzotl, de la cultura de los antiguos mexicanos es conocido como el perro acuático o como el espinoso del agua, quien era como un enviado de Tláloc, el dios de la lluvia, quien residía en las profundidades del agua. Muchos relacionan la apariencia del Ahuítzotl con una nutria y es caracterizado por tener una mano humana en el extremo de su cola. Con esa mano, el perro acuático atrapa a los hombres desde el agua para ahogarlos y enviarlos a la casa de Tláloc como sus servidores.
Tomando en consideración la importancia de los perros en la mitología prehispánica, como los xoloitzcuintles, los perros muestran ser peatones del inframundo, como el Ahuítzotl. Se cuenta que el Ahuítzotl escuchaba las órdenes dadas por las divinidades acuáticas quienes fijaban su interés en ciertas almas mortales y ordenaban su sacrificio. Había una racionalidad moral en los ataques del Ahuítzotl, no mataba al azar.
El perro acuático no solamente ahogaba y dejaba el cuerpo de sus víctimas. Era muy fácil distinguir a los simples ahogados y a los que fueron víctimas del Ahuíitzotl. El cuerpo de las víctimas era encontrado tres días después de desaparecer y en muchas ocasiones carecían de ojos, uñas y dientes los cuales el Ahuítzotl arrancaba antes de liberar sus restos mortales. Los cuerpos de las víctimas eran honrados por ser considerados como elegidos de Tláloc y Chalchiuhtlicue, quien era una diosa de las aguas terrestres y era asociada a la agricultura y la fertilidad. También eran elegidos los residentes de Tlalocan, un paraíso de primavera eterna y de agua que era gobernado por Tláloc.
El Ahuítzotl atraía a sus víctimas llorando desconsoladamente como un bebé o a veces imitaba el movimiento de un pez para atraer a los pescadores. Sus ruidos del Ahuítzotl venían de ríos, charcos de agua o lagos dentro de Tenochtitlan. A veces la gente no se daba cuenta de que estaba adentro el Ahuítzotl, pero a veces había señales que dentro del agua te esperaba Ahuítzotl. Se hacían remolinos en el agua y a veces los peces y ranas salían involuntariamente de las ondas. Cuando la gente se acercaba, el perro acuático los agarraba usando la mano de su cola y se los llevaba, ahogando a sus víctimas en el proceso.
No se sabe si este animal solamente fue una mitología o si tal vez existía en nuestro mundo. El Fray Bernardino de Sahagún y mencionó al Ahuítzotl en el
Códice Florentino, un manuscrito del resultado de la investigación de Sahagún con colaboración de los nahuas durante el siglo XVI, sobre el pueblo azteca, incluida su sociedad, cultura, religión e historia natural. En el libro 11 del Codice Florentino se menciona el Ahuítzotl y se describe siendo negro con piel suave y resbaladiza.
Si el Codice Florentino capturó fielmente la vida y la cultura de los aztecas, ¿podriá ser posible que el Ahuítzotl tal vez existía en esos tiempos y se llegó a ver? Puede ser que sí, pero también el Códice Florentino captura las creencias de los Aztecas, tal como puede ser algo que a lo mejor fue visto, tal vez solamente era una creencia que fue reportada.
Investigadores han intentado encontrar al Ahuítzotl entre la fauna de los Altos de México, pero no han podido clasificarlo como un animal presente en el ecosistema de México. Esto da más prueba de que tal vez el animal solamente fue una creencia de los Aztecas. Tal vez una manera de advertir a la gente de las consecuencias de portarse mal o ser travieso. Algunas personas hasta advierten no andar cercas de un lago o río en la noche, porque uno nunca sabe si el espinoso del agua ya te está esperando.
