Un rayito del sol
Daniel Torres
- El caracol y el cuervo, caminan montaña arriba. El cuervo astuto y veloz, dispersa flores por el camino. El caracol fuerte y lento reparte el aroma para las flores, por esa razón, cuentan los árboles, las flores adquieren su olor después de su floración.
El caracol y el cuervo, han finalizado sus tareas y la montaña, les susurra y con su viento como compañero, los guía por el río, cuesta abajo, ahí van, el caracol y el cuervo.
- Los primeros pasos en la primera primavera, han otorgado- a todos-, como a las flores silvestres y los árboles caídos, la dadivosidad de algunos colores nuevos, en tierras llamadas benditas.
Los compañeros peripatéticos, ahora son algunos insectos, que saltan y vuelan alrededor y un par de ratones, que se arrebatan entre sí, una pequeñísima rama de pasto.
El sin fin de colibríes que aletean contra las abejas y pelean el néctar de los adentros de las flores, que el caracol y el cuervo, han repartido por las montañas.
En la infinita coincidencia de los primeros pasos en la primera primavera, se encuentran con las laderas y cuestas que la geografía y los arrebatos de la naturaleza, han colaborado, para que el hombre y el poeta los llamemos montañas, ríos y valles.
- El hombre, como animal del mundo, como cohabitante del mismo, se considera poseedor de la tierra que pisa y los recursos que esta les puede ofrecer, además de modificarla y estriparla a su beneficio. La protege y monta guardia, contra todo ser que considere amenaza. Destruye todo lo que en su caminar común con él atraviesa y ahora ellos llaman jardines o propiedad privada.
La peculiar bienvenida de una jaula o trampa metálica, solo para que la racionalidad de la que presume el hombre, termine sentada a la sombra de los árboles o meciéndose en las hamacas en lo que ellos llaman paz y en esa paz el caracol y el cuervo solo observan.
- El poeta nunca ha logrado la astucia recomendada por el hombre, ni mucho menos la prudencia. El poeta siempre se ha exhibido desde el interior y su visión del mundo es inversa. Los sentidos propios del poeta son tan suyos como universales, que algunos charlan sobre el supuesto entendimiento de líneas inconexas.
El desquehacerado poeta, que por casualidad, ha encontrado el camino para llegar a los lagos y bosques, que le han enseñado el valor de sus playas y selvas, del sembradío de cañas y los cafetales, de aquel sol más lejano y la familiaridad de las montañas, de sus pequeños arroyos, de las frutas tropicales y los pinos distintos y la tierra distinta. El desquehacerado poeta, que por casualidad, ha encontrado el camino del caracol y ha seguido el vuelo del cuervo, ahora reparte semillas para los jardines de los hombres.
