Leyendas a la oscuridad de la luna

Jackie Ramirez

Sol del Valle

Esta es la historia de cómo el deseo de sangre y travesuras dio vida a un árbol en Guadalajara y muerte a un hombre cuyos apetitos no pudieron ser saciados.

Según el gobierno de México, la leyenda del árbol del vampiro tuvo lugar hace mucho tiempo, iniciando con la aparición de perros y gatos muertos, descubiertos por trabajadores de la basura. Los animales fueron hallados sin una gota de sangre en sus cuerpos. La policía fue alertada, y comenzó a preguntarse quién, o qué, podría ser el culpable de estos actos inquietantes.

El verdadero terror invadió a los habitantes de Guadalajara cuando, al igual que los animales, empezaron a aparecer personas muertas, desangradas. La policía, desconcertada, llegó a la conclusión de que un vampiro merodeaba entre ellos.

Con el pánico instalado, las autoridades y el pueblo, armados, emprendieron la caza del vampiro que había sembrado muerte y miedo. Según el editor de El Ciudadano Jalisco, la leyenda se sitúa en el siglo XVIII, cuando un europeo llamado Jorge despertó las sospechas de los locales. Se vestía completamente de negro y sólo se dejaba ver de noche. Aunque lo consideraban un recluso social, era un hombre educado.

Como ocurre con toda leyenda, existen diferentes versiones. El Ciudadano Jalisco identificó al vampiro como Jorge, mientras que otras fuentes, como el gobierno de México, no le dan nombre, mencionando sólo su origen europeo. La mayoría, sin embargo, concuerda en que formaba parte de la vida cotidiana de Guadalajara.

La versión de El Ciudadano Jalisco relata que Jorge fue sorprendido mordiendo el cuello de una joven del pueblo, desangrándola ante los ojos aterrados de los testigos. Intentaron capturarlo mientras huía, hasta que finalmente lograron atravesar su corazón con una estaca de madera en un árbol de camichín, un símbolo de protección.

Con su último aliento, el vampiro juró vengarse. Una vez muerto, fue llevado al Panteón de Belén, donde lo enterraron en un ataúd. La calma volvió al pueblo, aliviados de que la criatura que había sembrado el terror había sido destruida.

El tiempo pasó. Un día, el vigilante del panteón notó algo extraño: una rama de camichín brotaba de la tumba del vampiro. El árbol creció, robusto y frondoso, y aún hoy vive floreciente en el panteón. Los sobrevivientes de aquella época lo bautizaron como “El árbol del vampiro”.

Se dice que el día que el árbol se seque, el vampiro se levantará de su tumba para vengarse del pueblo que lo atrapó. Algunos creen que ya lo ha hecho, escapando cuando las raíces rompieron el ataúd, y que sigue acechando en las sombras, esperando su momento.

Sea cual sea la verdad, el árbol es testimonio de que, un día, Guadalajara fue atormentada por una criatura de oscuros deseos y oscuro corazón.