Recuerdo hace años atrás estaba apegada a la idea de un cierre emocional cuando mis relaciones, platónicas o románticas, terminaban. Sentía una gran necesidad de saber que mi experiencia había sido válida y, siendo completamente franca, mi ego necesitaba confirmar que yo tenía la “razón”. Puedo culpar a las comedias románticas por haberme influenciado a pensar que estos cierres emocionales eran necesarios pero la realidad iba más allá de las películas o la influencia que podría tener mi entorno en la complejidad de las relaciones interpersonales.

Cada historia tiene un comienzo y, por lógica, debería tener un final, ¿cierto? El problema con esa idea fue que, después de cada final, me sentía insatisfecha y quería deshacerme del borrador y escribir un final nuevo, el único problema era que necesitaba la ayuda de mi co-creador/a.
Comúnmente, al tratar de escribir un final más satisfactorio para mí, me encontraba en la incómoda situación de enfrentar la resistencia de la otra persona que tenía la idea de un final completamente diferente a la mía. Cada quien tenía su propia narrativa, y en lugar de tener el cierre emocional que tanto deseaba, parecía enredarme más en un historia que ya no tenía futuro. Al fin y al cabo, cada persona quiere ser el héroe (o en casos el mártir) de su propia historia.
La idea del cierre emocional nos da la falsa ilusión de que, al igual que un cuento, podremos cerrar el libro y continuar con otra historia. Es como un suspiro del alma que nos engaña con la promesa de “sanar” la herida y resolver aquello que aún nos duele. Cuando llegamos al final de una relación, ya sea porque nosotros decidimos terminarla o porque alguien más lo hace, buscamos explicaciones. No es necesariamente malo el querer entender porque algo terminó. El problema aparece cuando nos apegamos a que el final sea diferente de lo que fue y seguir dándole vueltas a los mismo hasta quedar mareados.
El cierre emocional parte de la idea de que existe el final satisfactorio y está compuesto de explicaciones, disculpas y soluciones. La falta del cierre emocional nos deja a medias en la historia, y para poder continuar, necesitamos saber cómo termina para poder sentir que resolvimos el problema del vacío que muchas veces queda después de la partida de una relación.
Lo más difícil de entender en esta situación es que el cierre emocional no es algo que alguien te da. Aunque la historia de una relación parezca co-creada, cada individuo vivió su propia versión dentro del mismo cuento. Durante una de mis últimas conversaciones de “cierre emocional”, me di cuenta de que el final que tanto buscaba no era algo que la otra persona pudiera darme, porque no estábamos contando la misma historia.
Su versión no era falsa, al igual que la mía tampoco lo era; simplemente habíamos vivido la misma historia desde diferentes perspectivas. Aunque dolía sentir que mis emociones no eran validadas en la versión de esa persona, su relato me parecía, de alguna manera, como una versión “pirata” de mi propia historia.
La verdad es que, a veces, la gente se va sin dar explicaciones ni motivos. Y las conversaciones que imaginamos que nos liberarían terminan sintiéndose vacías, dejándonos igual de insatisfechos porque no ocurren como las habíamos construido en nuestra mente. Incluso si pudiéramos darle a la otra persona un guión para que dijera exactamente lo que queremos escuchar, probablemente tampoco nos daría verdadera satisfacción, porque no sería genuino.
El verdadero cierre emocional ocurre cuando, a pesar de seguir teniendo preguntas, hacemos las paces con la idea de que quizá nunca tendremos respuestas. Tenemos que soltar el “hubiera”, porque no existe, y aceptar que la infinidad de preguntas o la culpa solo nos hunden más en un espacio de incertidumbre y dolor. Hay ciertas cosas que merecen quedarse sin resolver. A veces, el final más honesto que podemos darle a una historia es aceptar que no termina como lo esperábamos, y que no saber también es parte de seguir adelante.
Las preguntas no terminan aquí; puedes compartirme las tuyas en: vanessaporras.art@gmail.com
