
Muchos padres alguna vez nos hemos preguntado cómo hacer para sacar a nuestros hijos de los aparatos electrónicos (aunque sea por un ratico). Esta parece una misión casi imposible. Debo reconocer que somos nosotros los adultos quienes muchas veces estamos agotados por la rutina del día, inmersos en el oficio, o al mismo tiempo sumergidos en nuestras propias pantallas. Pero pocos piensan en un antídoto que nos haga parar, al menos por un momento e interactuar con nuestros hijos: la ciencia.
Dirían algunos “¿Pero cómo así?”. ¿Cómo ayuda la ciencia? “Si yo no soy un científico. La ciencia está muy lejos, es una cosa muy difícil”. Bueno, así pensaba yo, hasta que descubrí -irónicamente a través de la misma tecnología- una manera muy fácil de acceder y comunicar la ciencia: los experimentos científicos caseros.
Un día, navegando en Instagram, me apareció una sugerencia. Se trataba de una página de videos cortos acerca de experimentos hechos en casa, que escasamente duraban 30 segundos cada uno. Estaban muy bien explicados, con un paso a paso y los materiales requeridos. La gran mayoría de los utensilios, ya los tenía en casa. Y si no, eran materiales muy baratos y fáciles de conseguir.
Así que me aventuré a decirle a mi hija de 9 años, que intentaramos un par juntos.
iEureka! Quedó encantada y deleitada. Lo hizo como pocas cosas le han gustado hacer con su papá. Ella, literalmente dejó su ipad de lado, y mantuvo la concentración en estos experimentos por casi una hora
¿Quién quería un aparato, cuando ella veía cómo explotaba el vinagre con la baking soda (polvo para hornear), y luego el gas producido apagaba una vela (todo para explicar que de igual manera funciona un extintor).
O ver cómo un poco jabón separaba aceite de la pimienta en un proceso bellísimo. Incluso como una bolsa rellena de agua mantenía el agua sin derramarse al clavarle lápices alrededor, despertando a mi niño interior y mi capacidad de asombro.
Fue tan contagiosa la tarde de aquel miércoles, que hasta los hijos de nuestros vecinos se sumaron a la iniciativa. Y hasta mi hijo, el adolescente, quien estaba inmerso en su habitación jugando videojuegos, bajó para ver el alboroto. Luego él terminó enseñándonos otro experimento que había aprendido en la escuela: el encender una bombilla con un par de cables, agua y sal.
Para despertar la magia, solo basta buscar en cualquier red social o plataforma de videos estas palabras sin importar el orden: experimentos científicos caseros para niños, o ciencia fácil para niños. Estos experimentos, son rápidos, seguros, baratos y no solo les brindan un descanso de las pantallas, sino que nos recuerdan a nuestro niño interior, fortalece esa capacidad de asombro que a veces nos quita la rutina diaria. Finalmente, pero no menos importante, la ciencia infantil fortalece los vínculos emocionales con nuestros hijos, y crea una oportunidad de aprendizaje a través del juego.
