Leyendas bajo la luna
Por Daniel Torres
En el estado de Nayarit, México, existe una leyenda fantástica y mitológica, un poco al estilo de las cosmogonías griegas, sobre el origen de tres de los accidentes geográficos que definen por excelencia al valle de Matatipac, los cuales son: el río Mololoa, que parte en dos a la capital del estado y el volcán Sangangüey, icónico por su gran altura y su nula actividad por más de 150 años.
Por último, la Sierra de San Juan, la que a su vez, forma parte de la Sierra Madre occidental, la cual cruza suelo estadounidense en el estado de Arizona.
La leyenda se ubica en el mandato de Trigomil (nombre actual de un pequeño poblado), tiempo antes de la llegada y posterior intento de conquista.
Este supuesto gran líder, controlaba la inmensa mayoría del valle de Matatipac y, contaba, además de un gran poder político en la zona, también lo hacía con una hermosa hija llamada Mololoa.
La joven al ser físicamente hermosa, además de y cabe aclararlo, inteligente y perspicaz, sumándole a todo esto el hecho de ser hija de un mandatario de la envergadura de su padre, podría resultar un gran partido para cualquier gran guerrero o cualquiera de la clase alta política y religiosa de aquel entonces.
Justamente uno de estos personajes era Sangangüey, el cual formaba parte de la alta esfera de guerreros, porque, además de ser un habilidoso guerrero, fornido y entrenado, contaba con poderes sobrenaturales y podía arrojar llamaradas y humo por su boca.
Mololoa, al ser una mujer inteligente, pasaba de largo de la cantidad inmensa de pretendientes que tocaban a las puertas de la casa de su padre para pedir, por lo menos, mantener una charla con ella. Claramente esto a Mololoa le fue molestando y exigió a su padre la dimisión en su empresa para buscarle el pretendiente ideal para sus beneficios; Mololoa quería tomar una decisión por sí misma. Trigomil, desistió en su búsqueda.
Con el pasar de los meses, Mololoa, no sabemos en qué circunstancias (invito al lector a imaginarse la que mejor se adapte a su criterio), conoce a un joven promesa de la clase guerrera, hábil y altamente capaz en su oficio, además de inteligente y, sobre todo, mayormente atractivo para el criterio de Mololoa, el cual llevaba por nombre Tepetl.
Ambos jóvenes eran regularmente vistos juntos, divertidos en gran medida e intercambiando infinitas palabras entre infinitos temas. De este modo, germinará el amor mutuo, que se tendrán hasta el día de hoy.
Sangangüey, haciendo a un lado la situación sentimental de Mololoa, en un intento desesperado, exigió una audiencia privada con la joven. Debido a su alto rango e insistencia, pudieron convencer a Mololoa a recibir a aquel guerrero de leyenda, pero, las intenciones de aquel fueron más allá de lo que cualquiera pudiera imaginar. Sangangüey, siendo consciente de que aquella oportunidad era única, propuso matrimonio a Mololoa, frente a su familia y acompañantes, de manera natural. Los ánimos se tensaron; nerviosismo y expectativa eran lo que todos expresaban, pero Mololoa, de manera fuerte y firme, rechazo la propuesta del guerrero y aquel, en su infinito poco racionamiento, se abalanzó contra Mololoa y la amenazó de muerte, para posteriormente retirarse, con su ego molido.
Después de aquel suceso se suspenden de manera definitiva las audiencias con la joven hija de Trigomil y aumenta el deseo de unión entre Tepetl y Mololoa. Tal fue la decisión que tomaron, al pasar un pequeño lapso de tiempo: unir sus vidas en una sola. Lo cual, de manera irónica, han cumplido hasta nuestros días.
La noticia de la unión entre ambos jóvenes causó gran expectación y ánimos, enojos y rechazos, felicidad y alegría, llantos y lamentos. Para Sangangüey, fue la furia y la ira, la que se apoderó de él y en un arrebato de locura, corre a casa de Trigomil y secuestró a su hija, internándose en las profundidades del bosque con ella y de esta manera comenzó una implacable búsqueda.
Tepetl, fue el primero en enterarse de lo sucedido y de manera incansable e inteligente, busco durante noches templadas y días húmedos y calurosos, el paradero de la joven, hasta que, por su eficaz ejercicio, dio con ellos.
La lucha no se hizo esperar y ambos guerreros se vieron inmersos en una batalla encarnizada. De manera hábil y veloz ambos lanzaron y esquivaron golpes mutuos, los cuales resonaban por todo el valle de Matatipac causando pánico entre las bestias y los humanos, todos, excepto Mololoa, la cual, al verse en tal situación decide subir a una gran roca y observar, desde las alturas, la épica escena.
La batalla, entre estos dos seres dignos de cualquier mitología, da como resultado, el nacimiento de un volcán, Sangangüey. Al verse tapado inmensamente por rocas y coronado por una de mayor envergadura, para que, de esta manera, dejase de lanzar fuego y humo por su boca. A su vez, de tanto fuego y rocas que rodearon a Tepetl se convirtió la cordillera montañosa hoy conocida como Sierra de San Juan. Mololoa, al presenciar el cataclismo comienza a llorar de manera incontrolable, pasando sol tras sol llorando, para, de esta manera, convertirse en un gran rio, el cual también se alimenta de las lágrimas de Tepetl y baila frente a él, de manera serpenteante, ignorando a Sangangüey, que cada cientos de años logra escupirles fuego y humo.
