Cada día me despierto con la misma pregunta: ¿cómo crecer, ser la mejor versión de mí y, al mismo tiempo, guiar con amor a quienes dependen de mí? Durante mucho tiempo creí que debía hacerlo todo sola. Hoy sé que no es así. Pedir ayuda y rodearme de amigas también es fortaleza. Este es un camino de descubrimientos donde, juntas —madres, mujeres, líderes y amigas—, todo es posible.

mujer sosteniendo una camara
Anahi

Crecí con la idea de que debía resolverlo todo por mi cuenta. Quienes se suponía que debían ayudarme a crecer me repetían: “En esta vida, cada quien se rasca con sus propias uñas”, y con esa excusa se alejaban. Desde muy chica tomé decisiones importantes, elegí los caminos que creí correctos e hice lo mejor que pude con lo que tenía, avanzando poco a poco, cargando mucho sobre mis hombros.

La sonrisa que mostraba no siempre significaba que todo estuviera bien. Muchas veces fue un escudo para seguir adelante, para enfrentar situaciones difíciles, preocupaciones y experiencias que exigían la mejor actitud. Así vivimos quienes tenemos anhelos y propósitos en un mundo que no espera a que estemos listos.

Con el tiempo entendí que no todo lo tengo que resolver sola. Descubrí que, a lo largo del camino, siempre hubo alguien dispuesto a tenderme la mano a través de gestos simples, detalles sinceros, ayudas silenciosas que aligeraron el paso y se quedaron en el corazón. Hoy reconozco que nunca estuve sola, Dios estuvo presente, abrazándome a través de personas y sosteniéndome en los momentos en que sentía que no podía más.

Sé que mi experiencia no es la de todos. Cada persona tiene su propia historia, sus retos y su forma de enfrentar la adversidad. Aprender a reconocer y respetar eso me ha hecho más consciente, sensible y empática. Entenderlo ha sido clave para conectar con otros.

Si hoy sientes que no hay salida, que a nadie le importa tu esfuerzo o que no lo vas a lograr, déjame decirte algo: estás equivocada. Hay personas observándote, admirándote. Inspiras a alguien en silencio y avanzas a tu propio ritmo, y eso está bien. Construye tu camino, sé tu propio apoyo, conviértete en tu propia porra. Sal, conoce el mundo y vive tu propia experiencia.

En este momento de mi vida soy la desconocida que sonríe en el supermercado, el gesto amable en la calle, la amiga que me habría gustado tener. Soy la protección para mi hijo que yo necesitaba y una mejor persona para mí y para quienes me rodean. Hoy sé que, si no puedes sola, no pasa nada. Pide ayuda. Siempre habrá alguien dispuesto a regalarte su tiempo, tenderte una mano o brindarte una amistad sincera.

Me aventuré desde Puerto Vallarta, México, hasta las hermosas y frías montañas de Colorado, cargada de historias. Todo lo que he comprendido y sanado me ha ayudado a crear raíces fuertes. En este valle he encontrado personas que me han acompañado y facilitado el camino; su apoyo ha sido invaluable. Si hoy sientes la necesidad de pedir ayuda, hazlo. Existe un mundo de posibilidades para ti.

A veces, lo que necesitas está afuera. Sal a caminar, respira aire fresco, cambia de perspectiva. Acércate a otras personas, a otras mujeres, escucha sus historias. Eso puede aclarar tu mente y abrir nuevas soluciones.

Acompañémonos en este viaje personal. Busquemos juntas el equilibrio entre la maternidad, nuestra identidad como mujeres y nuestras aspiraciones profesionales. Compartamos aprendizajes, retos y logros, e inspiremos a otras a crecer con confianza y liderazgo.

Hoy quiero invitarte a un grupo exclusivo para mujeres del valle, donde compartimos emprendimientos, experiencias y dudas; realizamos dinámicas para hacer crecer nuestros negocios; encontramos proveedoras de confianza y recursos hechos a la medida. Búscanos en Facebook como Mujeres Emprendedoras del Valle (de Aspen hasta Parachute).

Lo más importante es que aquí encontrarás a muchas madres que luchan día a día por sus familias, sacando fuerza desde su interior. Este grupo nos inspira y nos une. No estás sola y no tienes que hacerlo sola.

– Anahi Gazga