Parcial

Como editor de The Sopris Sun, tengo la encomienda de trabajar con imparcialidad: Manteniendo la mente abierta a los muchos matices que existen en cada historia.

Sin embargo, hay una historia de la que estoy obligado a contar, y debo admitir que estoy de su lado. Soy seguidor de un pueblo que lo arriesga todo para restablecer una coexistencia más armoniosa con el planeta y su diversidad.

En 2016, me sentí atraído por primera vez a los mapuche, un pueblo indígena perteneciente al cono sur de Sudamérica, en un encuentro en Chile llamado Raíces de la Tierra. Recuerdo que al principio me sentí intimidado cuando los mapuche albergaron a otros pueblos indígenas y huérfanos culturales en un campamento lleno de plegarias en el bosque. Sentado junto al fuego, escuchando sus historias, empecé a comprender. Los mapuche mantuvieron una tregua con el imperio español durante cientos de años. No fue hasta las décadas de 1860 y 1870, que las incipientes naciones de Chile y Argentina se volvieron genocidas con intenciones de crecimiento, y estos territorios ferozmente custodiados se abrieron a la explotación.  

Para profundizar en mis conocimientos, tomé 10 semanas sabáticas en 2019. Como estudiante de antropología, el objetivo era familiarizarme con una comunidad mapuche. Esto me llevó al Lof Pillañ Mahuiza, donde conocí a Moira Millán, una audaz activista por su pueblo, por todas las mujeres y por la vida misma. Volví a Pillañ Mahuiza, territorio recuperado en defensa de un río silvestre, el Carrenluefu, para un “campamento climático” en febrero de 2020, que atrajo a personas de todo el mundo para debatir sobre el cambio climático como una continuación del colonialismo: tierras robadas tratadas como tales por capitalistas saqueadores, desconectados y con poca visión a futuro.

Los mapuche prosperan en sus bosques, adaptándose a vivir con la tierra, y no al revés. Al servicio de la tierra, practican una espiritualidad consagrada que requiere frecuentes oraciones y ceremonias para enriquecer un lugar y crear una comunidad que englobe no sólo a los seres humanos, sino también al río, a los espíritus y a los animales. Toda vida es sagrada.

Los gobiernos del mundo no parecen darse cuenta de ello. Al igual que Estados Unidos, el gobierno de Argentina está siendo vaciado por hombres con mentalidad empresarial a cuales no parece importar la tierra. Javier Milei, el autoproclamado presidente “anarcocapitalista” de Argentina, entregó recientemente a Elon Musk una motosierra y una metáfora. A medida que las empresas multinacionales toman control de la política mundial, adentrándose cada vez más en lugares vírgenes para saciar un apetito inagotable para minerales, los pueblos indígenas que defienden un modo de vida tradicional están de nuevo amenazados. 

El 11 de febrero, la comunidad Pillañ Mahuiza fue allanada por la policía federal. Varias familias, entre ellas un hombre de 74 años y niños pequeños nacidos en esa tierra, fueron amenazadas por el Comando Unificado, que las detuvo en sus casas, registró sus pertenencias, confiscó teléfonos y libros, rompió ventanas, portó rifles y presuntamente sembró armas. 

Vic, un miembro de la comunidad de 34 años, fue detenido y permanece en prisión. Se le acusa de haber incendiado máquinas en un rancho lejano el 18 de enero. No sé qué pruebas tiene la comunidad para demostrar su inocencia, pero conozco a Vic, y sé que Pillañ Mahuiza se ha ocupado en construir vida, no en llevar a cabo tareas destructivas en lugares lejanos. 

Considera esto, Argentina está en llamas. Literalmente, los incendios forestales han destruido más de 86,500 acres desde enero, quemando cientos de hogares. Después de un año de devastadores ajustes económicos, la gente está desesperada. El presidente Milei, poco después de ser elegido, recortó el presupuesto nacional para la lucha contra incendios en un 81%. Mientras el gobierno gasta sus recursos acorralando a los mapuche, las comunidades arriesgan sus vidas para defender sus hogares de los incendios descontrolados.

Mientras tanto, durante décadas, la plantación de pinos canadienses flamables y sedientos que acidifican el suelo y matan el bosque nativo ha sido subsidiada por el gobierno argentino, a pesar de los impactos claramente perjudiciales que estas plantaciones invasoras están teniendo en los ecosistemas locales. El aumento de los incendios forestales es el resultado directo de una gestión errónea de la tierra. 

Así pues, la Patagonia está ardiendo. Las comunidades indígenas, íntimamente ligadas a la salud de sus territorios, están siendo asaltadas e incriminadas por los incendios. Además de Pillañ, otras comunidades fueron allanadas el 11 de febrero, así como una emisora de radio mapuche cuyo equipo de transmisión fue destruido por agentes federales. A principios de enero, una comunidad, Lof Paillako, fue desalojada del territorio recuperado. Otra, Lof Quemquemtrew, se prepara para lo mismo. Pillañ Mahuiza podría ser la siguiente.

Desde mi parcialidad, estoy seguro de que la resistencia de esta comunidad es pacífica. Como lo son la mayoría de los orgullosos mapuches que recuperan territorios para practicar sus hábitos tradicionales. Dos días después de los allanamientos, el 13 de febrero, el presidente Milei declaró a Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) como organización terrorista a la par de Hamás. La mayoría de las comunidades mapuches se distancian de un nombrado Facundo Jones Huala -líder de RAM, hoy en prisión por actos incendiarios-, quien argumentó que la liberación de su nación incluye la lucha armada.

La realidad es que el gobierno se niega a escuchar la sabiduría nativa. Prefiere acaparar los minerales y desarrollar el turismo en el cascarón que queda de una tierra privada de su gente. Solo imagina, defensores de los ríos y bosques silvestres cercanos a ti llamados “terroristas” y borrados sistemáticamente. 

Si te interesa conocer más, te recomiendo un artículo de The Guardian titulado “‘The forests are going up in flames – so is the rule of law’: Argentina’s climate of fear” (“‘Los bosques están en llamas –asi como el estado de derecho’: El clima de Argentina es de miedo). 

Hay una declaración internacional de solidaridad que la gente puede firmar aquí: www.bit.ly/Mapuche-pledge. Y los mantendré al tanto.

Traducción por Dolores Duarte para Sol del Valle