Sacando la filosofía a las calles
Daniel Torres
Apelación al solitario
“Es necesario, a veces, encontrar compañía.
Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire ilícito de robo.” -Rosario Castellanos.
Las palabras de la filósofa, literata y periodista, Castellanos, seguramente han podido arrebatar algún suspiro o pensamiento fugaz (inclusive para los lectores poco habituales de poesía), ya que, dentro de este pequeño fragmento se puede recolectar un par de conceptos de suma importancia para la actual existencia o, en su contrariedad, la no existencia, de la sociedad entre humanos. Conceptos tales como “compañía” en contraposición con “soledad”; “muerte” y “vida”, acciones necesariamente unidas a un “otro”, además de “trabajo”, en su conjunción con “castigo”, “alegría” y “robo”, donde una acción forzosamente conlleva la otra.
Hoy el trabajo es castigo y la alegría conlleva o condiciona al sujeto a pensar en un desaprovechamiento o desperdicio, de su tiempo laboral. Siguiendo la misma lógica, ahora el tiempo y las acciones del sujeto son medidas, limitadas, administradas y repartidas. Todo esto, en torno a un aprovechamiento completo de él; nótese que ahora el tiempo es descrito con un pronombre personal. El tiempo laboral es una entidad aparte del sujeto, del cual depende sobremanera.
El anterior señalamiento que se hace sobre el tiempo y su mutación con el trabajo y las consecuencias al respecto o los antecedentes de ello, son señalados por distintos filósofos y sociólogos tales como Byung Chul-Han, Diego Fusaro, Hartmut Rosa, Noreena Hertz, David Greaber, entre otros, además de haber sido anticipado o profetizado, de alguna manera por José Ortega y Gasset, Michel Foucault o Gilles Deleuze.
En conclusión, nos encontramos en presencia de uno de los problemas filosóficos y sociales de mayor relevancia en el siglo XXI y, por esta razón, las mejores mentes se han ocupado de cumplir, con mayor o menor medida con la tesis XI de Marx, la cual dice: “los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.
Siguiendo la máxima de Marx y los razonamientos de algunos de los pensadores antes mencionados, se generará la crítica y el señalamiento hacia la problemática del tiempo laboral y el tiempo libre, que no solo afecta nuestro valle, sino a la mayor parte de la sociedad medianamente inmersa en el sistema económico capitalista.
¿Qué se puede hacer para salir de esta dinámica del tiempo y trabajo? ¿Cómo se podría volver a relacionarse de manera sana con la dinámica del trabajo y el descanso? La respuesta a estas cuestiones que ofrece Byung-Chul Han, son regresar a una “vida contemplativa”, donde la vida deja de ser mera supervivencia, dejando de lado el consumismo voraz y la necesidad de satisfacer cualquier exigencia de forma inmediata. Regresar a ser niños, donde el tiempo laboral carecía de sentido y el tiempo de juego era permanente.
Además, lograr una reconciliación con la naturaleza implica, dice Han, un vuelco hacia las montañas, los ríos, los lagos y bosques que permitan al individuo salir de la dinámica meramente productiva y de conectividad permanente. Para volcar el pensamiento (abrir los oídos) y generar una atención profunda, contemplativa. Lograr “quitar el aire ilícito de robo”, a las alegrías que nos ofrece el valle.
