Recientemente, tuve el privilegio de visitar el museo Anfibium, que alberga a los “axolotls” y a los achoques, entre otras especies de anfibios en el zoológico de la Ciudad de México. Fue una experiencia que me dejó sumergida en un mar de reflexión y curiosidad.
Los axolotls ó ajolotes tienen un aspecto casi espeluznante, piel gelatinosa, branquias externas en forma de cuernos, pequeños ojos saltones y sus colores desconcertantes, parecen salidos de un cuento fantástico. Les han atribuido superpoderes y abundan los logotipos, stickers y diseños a gran escala en murales de Pátzcuaro, Michoacán. Actualmente, son criaturas conocidas en todo el mundo y endémicas de humedales mexicanos desde tiempos de los xochimilcas (Siglo I DC). Esto se debe a su asombrosa capacidad de regeneración, la cual es única en el reino animal, motivo para que los científicos, biólogos, investigadores y hasta monjas religiosas les dediquen su devoción y atención para evitar su extinción.
Los Axolotls, conocidos científicamente como “Ambystoma mexicanum”, son criaturas extraordinarias que habitan en los canales y lagos de México, particularmente en Xochimilco. Los achoques son originarios de Pátzcuaro en Michoacán.
Imagina esto: un Axolotl puede regenerar en su forma original, en el lapso de únicamente ocho horas, sus extremidades, órganos como los ojos, e incluso partes de su cerebro. Esta habilidad asombrosa no solo los convierte en sujetos de estudio para la ciencia, sino que también nos invita a reflexionar sobre la increíble capacidad de la naturaleza para adaptarse y renovarse. Es como si una mano se me hubiera quedado atorada y la hubiera tenido que amputar, durante la noche mi propio organismo regenerará una mano nueva con las mismas características que las originales. Sin necesidad de la medicina, la ciencia y hospitales.
Aunque su apariencia pueda resultar horripilante para algunos, los Axolotls han ganado un lugar especial en el corazón de muchos habitantes del mundo. Un ejemplo es que el mes pasado unos niños en Inglaterra pidieron de regalo a sus papás adoptar una pareja de axolotes. Los padres accedieron e hicieron toda la gestión para la importación de México a Londres de dos anfibios rosáceos con cuernitos en su pequeño acuario.
Tanto los axolotls de Xochimilco como los achoques de Michoacán han sido adoptados como un símbolo de la identidad mexicana, representando la riqueza y la diversidad del ecosistema mexicano. Ahora están representados en los billetes de $50 pesos mexicanos.
Pero detrás de la fascinación que despiertan estos asombrosos y míticos animales, se esconde una realidad preocupante. En los últimos años, la población de estas criaturas ha disminuido drásticamente debido a la pérdida de hábitat, la contaminación y la introducción de especies invasoras y depredadoras de los axolotes y sus larvas, como son las carpas y las tilapias en sus ecosistemas naturales.
En 1998 se llevó a cabo un censo en los canales de Xochimilco y calcularon 6,000 ajolotes por kilómetro cuadrado, en 2016 disminuyó a 36. La situación ha llevado a esfuerzos de conservación para proteger a estos animales emblemáticos de la extinción.
Afortunadamente, gracias a los esfuerzos de conservación liderados por expertos como el biólogo Luis Zambrano y el equipo del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se han implementado medidas para proteger y preservar a los Axolotls en su hábitat natural. Monjas dominicas de Michoacán se han dedicado devotamente a desarrollar programas de reproducción en cautiverio y gestionar áreas protegidas para reintroducirlos a sus hábitats. La jefa de gobierno de la Ciudad de México asignó 180 MDP para educar, concientizar a la población mediante pabellones y recintos gratuitos como el Anfibium.
Los Axolotls son embajadores de la biodiversidad mexicana, símbolos de resiliencia y ejemplos vivientes de la capacidad de regeneración que reside en lo más profundo de la naturaleza. Al contemplar su singularidad y fragilidad, no puedo evitar sentir que en un futuro no muy lejano estos animales pequeños y resbaladizos sean la clave de la anhelada eterna juventud y el camino para la ciencia de auto regenerar neuronas dañadas como pasa a los enfermos de Alzheimer. Los invito a respetarlos para que sigan habitando nuestro planeta.
