Por Angélica Breña

Sopa de Letras

La migración es el tema del libro “Solito”, escrito por el salvadoreño Javier Zamora. Es un tema universal y contemporáneo; pues nos refleja como un espejo a todos los huéspedes de este planeta tierra. Todos los que vivimos en Estados Unidos de alguna manera somos migrantes. Ya sea porque somos hijos o nietos de migrantes o por que estamos migrando en este momento para encontrar mejores condiciones de vida. Y también, de alguna manera, todos somos los de la migra ya que juzgamos o intoleramos a los que llegan.

Los invito a leer “Solito” porque es una novela que nos lleva a la par del protagonista por la travesía que miles y miles de latinoamericanos han hecho y siguen haciendo a pesar de las dificultades y peligros. A los que nos gusta leer novelas de aventuras donde los héroes se transforman y evolucionan durante su viaje para regresar y traer más conocimiento y armonía a sus comunidades de origen nos toca actualizarnos con “Solito” de Javier Zamora.

En esta era ya no hay regreso, ya no hay itacas. Ya no hay héroes, ahora son los migrantes.

Zamora nos pone al día de un fenómeno contemporáneo que azota a las grandes masas de países sumergidos en violencia y guerrilla que obliga a los habitantes con esperanzas a salir de su país y arriesgarse con todo para encontrar un bienestar mínimo y sembrar ahí sus esperanzas, trabajar duro para poder pagar sumas exorbitantes a los polleros o coyotes y traer a sus familiares que se quedaron. No importa que implique un año o diez de ahorrar y malpasarse. Esa es la misión, crear una cadena de esperas y esperanzas, pues las condiciones en sus países “pobres y corruptos” no mejoran y habrá que salir de esas tierras rojas de matanzas.

Con su vocecita de niño de 9 años, originario de La Herradura, El Salvador. El narrador nos relata cómo aprendió la geografía y las fronteras de los países que atravesaría para llegar al país de las pizzas y los Seven Up. Javiercito o Chepito nos cuenta con su perspicacia de niño, cómo se aprende y reproduce los acentos de los guatemaltecos, de los de los mexicanos de cada región que abarca ese “viaje”. Ese niño migrante aprendió a evadir el miedo con su imaginación creadora infantil. Por ejemplo, él ve a un ciempiés gigante moverse al mismo paso por el desierto de Sonora en vez de la fila interminable de migrantes, deshidratándose y desplomándose. O cuando ve una señal de bienaventuranza en los peces voladores en la lancha que los llevaría a costas mexicanas,

Se trata de la sanación de un trauma de la memoria de Zamora que fue emergiendo durante 20 años por medio de terapia y superación personal, su voz fue recuperándose para por fin contar su historia en inglés y en español, dando a conocer la solidaridad que surge entre los migrantes. Hay una dimensión de gratitud hacia todos los que le ayudaron. Honestidad que lo convierte en el poeta y escritor sobresaliente que es actualmente. Son sublimes los momentos en que el narrador nos cuenta como esos desconocidos que caminan con él se van convirtiendo en sus familiares y amigos. Unifica las voces latinas al utilizar los modismos salvadoreños, guatemaltecos y mexicanos. A los lectores nos pone en sus zapatos que necesitan de un adulto para amarrarlos. 

Javiercito (el protagonista y narrador) nos va llevando dentro de su mochila en esta travesía de 5000 km que transcurrió en 9 semanas. Él es un “bicho” tímido y enamoradizo que fue aprendiendo a amarrarse las agujetas y a re-interpretar el mapa de las fronteras que le hizo su abuelo antes de partir.

No es que estuviera aburrido y saliera en busca de aventuras para convertirse en un héroe, como lo hizo Bilbo en el señor de los Anillos. Si no que este niño salvadoreño, a sus 9 años, supo que iba a emprender un viaje para encontrarse con sus padres que habían emigrado hacía años, dejándolo al cuidado de sus abuelos y de su tía. Se despide de sus seres queridos sabiendo que es para siempre y se convierte en un “migrante”, sin tutor o adulto que responda por él. Después de 20 años les regresa con una genuina gratitud y reconocimiento este libro que vale la pena leer.

 La historia no es nueva en este valle. He constatado que hay “solitas y solitos” igual de entrañables y frágiles que Chepito. Todos debemos leer una historia así, con esos detalles que nos permiten palpar la humanidad en cada migrante, coyote o gringo de la migra para que comprendamos mejor a nuestra comunidad. Solito nos ayudará a ser más conscientes de las historias y pasados de nuestros vecinos para integrarnos mejor.

Para leer Solito visita tu biblioteca del Condado de Garfield más cercana.