Al llegar a Brasil, me quedé cautivada por la flora y la fauna del Bosque Atlántico. Nova Friburgo, mi ciudad de intercambio, está situada en la Serra dos Órgãos, rodeada de frondosas colinas, y es notoriamente más fría que el resto del estado de Río de Janeiro. Aunque me trasladé de una ciudad de montaña a otra, el contraste era impresionante. Había cambiado un verano septentrional por un invierno meridional sin nieve y me había adentrado en un bosque denso y diverso que me resultaba completamente desconocido. En cada lugar que visito, me doy cuenta constantemente de que el mundo es mucho más hermoso y mucho más grandioso de lo previamente conocido.
Un factor de motivación para elegir Brasil fue mi curiosidad por el medio ambiente. Colorado, y Carbondale en particular, son lugares con conciencia climática. Durante mi infancia, los documentales sobre la naturaleza narrados por Sir David Attenborough estaban en auge en la televisión, y la ‘Semana de la Bicicleta de Bonedale’ era muy esperada cada año. Las caminatas siempre duraban más de lo debido por mi insistencia en detenerme a inspeccionar cada flor. Mi pasión por el medio ambiente se ha visto esculpida por mi fascinación ante la belleza natural de Colorado. El año pasado conocí a una de mis inspiraciones de toda la vida, Jane Goodall. Además, formé parte del programa de prácticas de Roaring Fork Outdoor Volunteers, Youth In Nature, y ambas cosas alimentaron aún más mi afán por la protección del medio ambiente. Por medio de mi abuela y mi bisabuela, crecí con pequeños atisbos de la vida brasileña, desde fotos de la playa de Ipanema hasta historias del Pantanal. La selva amazónica -el mayor sumidero de carbono vivo del mundo- siempre me ha fascinado con sus altísimas copas y su caleidoscopio de vida salvaje. Sabía que ir a Brasil me daría la oportunidad de descubrir y explorar.
En abril tuve por fin la oportunidad de visitar el Amazonas. Pasé nueve días inolvidables en un bote por el río Negro. Fue tan increíble como lo había imaginado. La selva y el río parecían tranquilos, pero el incesante coro de pájaros amazónicos sugería lo opuesto. Con ojos atentos, la quietud daba paso a una vibrante vida animal. En las excursiones en canoa, exploramos los canales que atraviesan la selva sumergida y, con atenta observación, vimos monos aulladores, perezosos y las aves más fascinantes. Junto con otros estudiantes de intercambio de todo el mundo, nadé en las ricas aguas rojas, pesqué pirañas y me reí sin parar durante las partidas de truco. Comencé varios días despertándome en mi hamaca con el sol coronando el río y los delfines rosados jugando en la frescura de la mañana. Fue increíble experimentar la tranquilidad de un lugar tristemente famoso por sus serpientes y arañas gigantes, que, puedo confirmar, son muy reales.
Acampamos una noche en lo más profundo del bosque. Unos días antes, se me habían roto los zapatos cerrados en una excursión de senderismo, así que mi única opción eran sandalias y calcetines. Dado que ese mismo día nos habíamos enterado de que había hormigas bala y las habíamos visto, fue una decisión cuestionable. Esa noche, antes de dormir en nuestras hamacas, nuestro guía utilizó una escoba para barrer arañas del techo de palma de nuestro refugio que eran del tamaño mi mano. Me desperté varias veces esa noche, segura de que una de esas arañas caería sobre mí y me comería. A pesar de los peligros de la selva y el río, el viaje fue un momento mágico de mi año de intercambio.
Visitar el Amazonas fue una oportunidad de comprobar la importancia del impacto humano sobre el medio ambiente y todas sus formas de vida. Desde la década de 1970, se ha deforestado el 20% de la selva amazónica, un lugar rico en cultura, belleza y diversidad. Igualmente devastador, a principios de este año, había planeado visitar el Pantanal, el mayor humedal del mundo. No pude ir debido a unos incendios y una sequía sin precedentes en la región. Estas dos regiones de importancia mundial, conocidas por su riqueza ecológica, se enfrentan a los nefastos efectos del cambio climático y las actividades extractivas. Más cerca de casa, los incendios forestales en Colorado son cada vez más frecuentes y extremos.
Mi amor por el mundo natural es lo que me obliga a protegerlo. Por eso les pido que salgan, exploren los hermosos ríos, montañas y senderos que rodean Carbondale y disfruten de la belleza en la que tenemos la suerte de vivir. Esta belleza sólo existirá mientras pongamos de nuestra parte para protegerla. Hazte voluntario de Roaring Fork Outdoor Volunteers, del Servicio de Parques Nacionales, vota y haz las pequeñas cosas que marcan la diferencia. Cuanto más explores el mundo, más te gustará; definitivamente lo ha sido para mí.
Traducción por Dolores Duarte para Sol del Valle
