Angélica Breña
Sopa de Letras.
Mudarse o cambiarse de casa siempre implica un movimiento sísmico dentro de los seres que se mudan. Todo se mueve, se cambia de lugar. Muchos de los objetos cotidianos como la taza donde tomamos el café, o el vaso donde ponemos el cepillo de dientes, el rincón de las pantuflas y tantos otros lugares dentro de lo que era tu casa se mueven, desaparecen o, simplemente cambian y se reemplazan. Puede llegar a ser muy estresante y a nuestra edad puede afectar hasta la salud mental. Mi esposo y yo decidimos pedir ayuda a los expertos, pues nuestros brazos ya no tienen la fuerza de antes. Cindy, la encargada de Mini Storage en Willits Lane, nos recomendó ampliamente a Don Héctor Díaz de H Valley Moving y fue así, que Don Héctor Díaz se convirtió en nuestro héroe y nos dio el apoyo y ayuda para evitar tanto estrés y esfuerzo físico.
Empezamos a platicar en español mi esposo y yo con Don Héctor para ponernos de acuerdo en cuáles iban a ser los pasos y etapas de nuestra mudanza, sentimos un gran alivio de estar en manos expertas. Don Héctor y sus muchachos fueron nuestros ángeles que nos llevaron volando con todo y mi taza de café y las pantuflas de mi esposo a nuestro nuevo hogar. Fue como una de esas pinturas en las cúpulas de las iglesias donde los ángeles y querubines rubicundos cargan con una gracia angelical las abrumadoras nubes que a su vez traen a todos los santos como si no tuvieran gravedad. Cuando le di las gracias personalmente a Díaz tuve con él una conversación muy gratificante que me dio el ánimo para contar en esta columna su propia mudanza.
Don Héctor Díaz, junto con su esposa Reynis Guzmán llegaron a Basalt en el año 2003, jamás imaginaron que el sacrificio y esfuerzo que él y su esposa harían por sus hijas daría frutos tan notables. Ellos dos ya conocían muy bien este valle y decidieron establecerse en Basalt, convencidos de que la primaria pública de Basalt sería ideal para sus dos hijas Heremí de 8 años de edad y Rotceh de 6 añitos. Las niñas no tardaron en destacar por sus buenas calificaciones. Concluyeron la secundaria en la Basalt Middle School con excelentes calificaciones que les valieron una beca para ingresar a Colorado Rocky Mountain School. Ambos padres se apoyaron mutuamente enfrentando los desafíos de una educación en escuela privada con la esperanza de que sus hijas se adaptaran y no olvidaran sus valores. Ellas dos, las hijas, ahora son profesionistas competentes y exitosas.
“Yo siempre fui un convencido de la educación pública, desde que vivíamos en México. Cuando le otorgaron la beca de la CRMS a Reynis Heremí, mi esposa y yo dudamos un poco, ya que podía ser una experiencia traumática viniendo de escuela pública.”, comparte Don Héctor Díaz con emoción. Pero pronto se adaptaron porque ellas seguían viviendo con nosotros, y de esa forma tenían una forma de vida bicultural.
Al preguntarle a Don Héctor Díaz a que se debía que sus dos hijas fueran tan excelentes estudiantes, él me dijo que siempre pensaron como padres que sus hijas irían a escuela superior y cursarían una carrera universitaria, ya fuera en México o aquí, esa meta la tuvieron siempre clara como padres de familia. Mientras coordinaba a los muchachos en mi mudanza, él me dijo, “Yo soy actualmente empresario mudancero, pero toda mi vida he trabajado moviendo mercancía y trasladando hogares completos, En el pasado fui herrero y hasta cerrajero lo cual me enorgullece y en mi mente estaba la meta de ahorrar lo suficiente para que mis dos hijas tuvieran una educación superior.”
Continuó, ”Que le cuento Doña Angélica, qué mis dos hijas nos dieron la grandísima noticia de que compraron una casa para Reynis, y para mí, y que nos mudaremos en noviembre” me dice emocionado Díaz enjuagándose los ojos. Tanto mi esposa y yo estamos muy orgullosos de haber apostado por la educación superior de nuestras hijas y ahora estrenaremos casa en Elk Springs, entre Carbondale y Glenwood Springs.
Sabemos bien que en este valle, el reto de acceder a una vivienda digna es tan grande como los sacrificios que hicieron los Díaz. El mercado inmobiliario aquí sube como la espuma de una buena cerveza, y lo que llaman “affordable housing” acaba siendo, en muchos casos, casas de lujo que muy pocos pueden permitirse engancharse con un préstamo millonario para adquirirlas. A pesar de estas dificultades, las hijas de Don Héctor y Reynis Díaz lograron lo impensable: les compraron a sus padres una casa para que puedan vivir más cómodos y seguir siendo parte de esta gran comunidad.
La historia de esta familia no es solo un ejemplo de perseverancia, sino también una prueba viviente de que invertir en la educación superior de los hijos es la mejor manera de progresar. Pero hay muchos factores y organizaciones con personas con visión detrás de la accesibilidad que tuvieron Heremí y Rotceh a la Colorado Rocky Mountain School y posteriormente a prestigiadas universidades como Stanford y Boston University. Personas que han tenido la visión y convicción de integrar a la clase trabajadora a la vida civil y comercial de este valle. En mi próxima columna exploraremos los andamiajes que las jóvenes Díaz tuvieron para llegar a donde están. Mientras, le deseo a la familia Díaz una mudanza tan fácil como la mía.

