Un rayito del sol

 Sol del Valle

Me es grato el abrazo sincero del alma con penas.

Me es grato el pan y el vino,

en días ausentes y días de fiesta.

Me es grato la despreocupación del capullo invernal,

que aguarda el retorno a la luz.

Me es grata la palabra de los eternos poemas.

Me es grato el movimiento perpetuo y constante

al zarpar del velero.

Alabo en voz alta la montaña fría,

que mantiene su velo de nubes intermitentes.

Alabo en voz alta la bahía siempre cálida,

escondiendo entre sus aguas quietas los naranjas pálidos,

de los ocasos del sur.

Alabo en voz alta el lenguaje de los árboles,

siendo guías y vigías de los seres andantes.

Alabo en voz alta el antes y el ahora,

de los cantos del hombre.

Alabo en voz alta el curso de la vida,

la muerte lejana y el amor.

Agradezco la lejanía de los ríos fríos que alimentan

al cipreses eterno, al pino durmiente.

Agradezco al pescador que con paciencia aguarda.

Agradezco al pensador, al alfarero del ser humano,

con su alba y sus arreboles.

Agradezco al puente firme con sus cuerdas viejas,

que permite el andar y el reposo.

Agradezco las fantasías por la tarde de los paseos estacionarios.