Gary Gleason

Traducción por Dolores Duarte para Sol del Valle

¡El amor está en el aire! Este mes celebramos el poder perpetuo del amor para superar cualquier obstáculo. Muy a menudo, el amor romántico es el centro de atención, pero ¿qué pasa con las historias de cómo el amor puede llevarnos a través de tiempos difíciles, retos y todo lo que la vida tiene para lanzarnos?  

La siguiente historia es del episodio del 14 de febrero de VOICES Radio Hour en KDNK a las 6 pm, destacando historias de amor que superan todo. Visite voicesrfv.org/voices-radio-hour para escuchar el episodio completo y todos los episodios previos de “VOICES Radio Hour”.

Carolyn y yo nos conocimos en Victoria’s Coffee Shop, en Aspen, en octubre de 2013. La atracción fue instantánea. Palpable. Mutua. A medida que trascurrían las horas, le pregunté si podía acercar su asiento al mío. Nuestras rodillas se tocaban. Eléctrico. 

Después hablé de la cita con mi mejor amigo y le enseñé el selfie que nos habíamos tomado. Me dijo: “Se les ve muy acoplados”. “Ella está a sólo seis meses de haber salido de un matrimonio de 20 años. Estoy contento de que me toque a mí”, le contesté. 

Me miró de reojo y repitió: “Se les ve muy acoplados”. A veces nuestros amigos ven nuestras vidas con más claridad que nosotros. 

Resulta que Carolyn y yo estábamos cortadas con el mismo patrón, en muchos niveles. Nuestro amor por la música. Nuestro amor por los viajes. Nuestro amor por la aventura. Nuestro amor por la naturaleza. Nuestra necesidad de espacio personal. Nuestras ideas sobre el dinero. Nuestras ideas sobre la espiritualidad. Nuestro comportamiento infantil. El amor que sentimos por nuestros hijos. Los retos que enfrentamos en nuestros primeros matrimonios. Incluso lo que nos gustaba y nos disgusta. A veces era un poco escalofriante, sinceramente. 

No pasó mucho tiempo cuando las cosas de Carolyn llenaron mis armarios y su risa llenó mis pasillos. Durante los once años siguientes fuimos inseparables, al principio acompañándome en todos mis viajes de negocios para no tener que separarme de ella más de unas horas. Más tarde, los dos viajamos por unos 40 países, navegamos en docenas de viajes de varios días, nos mudamos a Maui durante un tiempo, escribimos un libro increíble sobre espiritualidad, tocamos juntos en su banda, fuimos mentores de nuestros hijos y construimos un enorme círculo de amigos. 

El verano pasado, Carolyn y yo íbamos en bicicleta por la ciudad para encontrarnos con unos amigos en el desfile del 4 de julio cuando alguien abrió la puerta de su auto sin mirar. Carolyn nunca recobró el conocimiento y pasó a mejor vida ocho días después, yo y su mejor amiga, Kristin Case, a su lado. Han pasado siete meses y dos días, y todavía no puedo comprender estas palabras. 

Es una verdadera bendición que las últimas palabras entre Carolyn y yo, segundos antes del accidente, fueran sobre lo mucho que nos amamos y lo afortunadas que somos. Ha sido un privilegio honrar la memoria de Carolyn con palabras, monumentos, ceremonias y canciones.

Ella sigue poniendo en mi camino asombrosas “señales” de su continua presencia en lo etéreo. Pero maldita sea…

Después del accidente, nuestra casa siguió siendo un museo: sus fotos, sus cosas, un recuerdo constante. Llegó el momento de hacer espacio para una nueva vida, no deseada ni pedida, pero en mi puerta de la misma forma. La vida tiene una forma de imponerse, independientemente de nuestra aceptación. 

Celebré una “fiesta de vestidos” para sus queridas amigas, para que pudieran seguir disfrutando de sus muchos sombreros, bolsos, zapatos y conjuntos. Las pocas cosas que guardé están ahora en el armario de la oficina para poder “visitar pero no vivir allí”, por así decirlo. 

He descubierto que el dolor es una cebolla. Tiene un propósito: pelar las capas para encontrar lo más profundo de ti mismo. Pero, como una cebolla, el proceso te hace llorar. Hay mucha resistencia. Llegué a darme cuenta de que estaba llorando varias muertes a la vez: toda la luz y la alegría que era Carolyn; quién era yo con ella; quiénes éramos juntos; y todos los momentos especiales, lugares y bromas personales que compartíamos. Cada una de ellas era una muerte en sí misma. Cada uno un renacimiento forzado. He aprendido que nos doblamos y flexionamos por nuestra pareja de formas que ni siquiera reconocemos. Y ahora el árbol de mi alma vuelve a brotar en su expresión más auténtica y natural… similar pero diferente de cualquier yo anterior. Es difícil reconocer mi paisaje interior.

Mientras me reincorporo al mundo, poco a poco, a veces me cuesta abrazar el misterio y permanecer presente. Pero me entusiasma encarnar este trabajo profundo en todas mis relaciones, incluso con el próximo amor de mi vida… a quien, según creo, aún no he conocido. O, quizás, ya lo he conocido pero aún no lo reconozco. ¡La vida es tan rara!

Resulta que, aunque el amor perdure para siempre, el mañana nunca es prometido. Así que, mi llamado en este día del amor, es que estés aquí ahora y que no tengas miedo de mostrar tu amor a aquellos a quienes valoras.