Por Lucas de Cesco
VOICES Radio Hour
Lucas de Cesco es padre de dos niñas. También es editor de cine, chef y propietario de Domingo Sausage Company. Lucas se mudó de Argentina al Valle en 2019 con su esposa. Disfruta de actividades al aire libre con sus hijas como esquiar en invierno y hacer senderismo en verano.
Quizás no fue hasta el momento en el que escuché los latidos del corazón de mi primera hija, en la ecografía de las seis semanas, que entendí que mi vida ya no sería la misma. El ritmo periódico, incesante de ese latido, pum pum, pum pum, pum pum, marcaba el inicio de un nuevo compás en la partitura de mi vida.
Un ritmo sincopado que combinaría de ahora en más mi propio ritmo con el de este nuevo ser. Con lágrimas en los ojos miré a mi esposa y como si estuviera viendo un espejo me encontré con unos ojos llenos de lágrimas y una sonrisa que abarcaba el universo entero. Nos fundimos en un abrazo que todo lo contenía; emoción, felicidad, y claro, un poco de miedo también.
El nacimiento es un momento difícil de explicar, no solo porque lo que uno siente en ese momento es indescriptible. Por lo que quizás sea la herramienta evolutiva más eficaz del ser humano: uno no recuerda por completo lo intenso y salvaje de ese momento para que nos atrevamos, más tarde, a atravesarlo nuevamente y así asegurar la continuidad de la especie.
De lo que sí me acuerdo es que en ese preciso momento de vida al borde del abismo, de entrega total de un cuerpo para ver nacer otro, mi mujer, (y que no se confunda el uso del mi, como un adjetivo posesivo sino como de ese sujeto del que quiero estar cerca para vivir la vida con este tipo de intensidades), en fin, esa mujer, en ese momento, dejó de ser humana para devenir en semi-diosa. Capaz de dar la vida por otra vida, capaz de generar calor, alimento, y nutrir con nada más que el producto natural de su propio cuerpo.
Otra cosa que me acuerdo es que en ese momento, le puse un rostro, unas manos, unos pies, una boca, a todo ese sentimiento que me acompañaba ya hacía nueve meses. Y el nombre, ese nombre que habíamos pensado todo este tiempo para ella, no podía ser más acertado para toda esa hermosura que apreciaban mis ojos. La mano de mi esposa y la mía, a estas alturas, ya eran una, unidas por el sudor de una lucha bien recompensada.
Al entrar por la puerta de nuestro departamento con la bebe en brazos, allá en ese Neuquén, Argentina, hoy algo lejanos, nos preguntamos dónde estaba el manual de instrucciones para este nuevo rol que habíamos asumido espontáneamente. Y no hablo solo de las rutinas, los pañales, el dormir poco, el chupete que no lo encuentro, ¿donde lo dejaste? Sino de la nueva dimensión que toma la vida. Una profundidad nunca antes experimentada.
Cuando nos vinimos a vivir a Colorado, mi hija no tenía ni dos años. No fue fácil despedirse de la familia, los amigos y esa comunidad que funcionó de marco para su crianza. Al mismo tiempo fue hermoso el sentimiento de embarcarnos en una aventura, solo nosotros tres. Mi mujer, mi hija y yo. Aprendí muchísimo de la inocencia y el desconocimiento de esta criatura de año y pico. Todo era nuevo y fascinante y no existía en ella ese sentimiento de nostalgia y añoranza que por momentos a mi mujer y a mí nos castigaba un poco. Era todo disfrute y descubrimiento y pensar en ir a la casa de los abuelos era algo que sin dudas iba a pasar, tarde o temprano.
En un momento de esta historia llega nuestra segunda hija y con eso todo lo que describí hasta ahora se acrecienta de una forma inmensurable. Pocas cosas se deben comparar, si acaso existe tal comparación, a la mirada de dos hermanos, o en este caso, hermanas. Las caricias, los abrazos, la complicidad, el darse la mano, el “vení, vamos por acá, dejame que te muestre de qué se trata todo esto”.
Ser padre no es fácil, sobre todo diría los primeros tres años pero de lo que tenemos que hablar es otra cosa, ¿Por qué pretendemos qué cosas tan cruciales como estas, sean fáciles?. ¿Por qué no disfrutamos cuando algo nos desafía y nos atraviesa como lo es la llegada de un hijo. Llantos, cólicos, berrinches, comportamientos que nada tienen que ver con lo que uno ha experimentado en sus veinte o treinta años previos a la paternidad. Es cuestión de aprender a transitar eso para disfrutar todo lo demás.
Y cuando te querés acordar con eso que empezó con un latido ahora compartís días enteros de esquí, de fútbol, de pesca, caminatas, bicicleteadas, risas, charlas y abrazos.
La Hora de Radio de VOICES de junio, o VOICES Radio Hour: “Vida de Papá” se transmitirá en KDNK el viernes 14 de junio de 6 a 7 p.m. Puedes escuchar episodios anteriores de la Hora de Radio de VOICES en voicesrfv.org/voices-radio-hour.
