Durante la temporada de incendios forestales, cada incendio conlleva el riesgo directo de lo que quema. Sin embargo, existe un segundo riesgo asociado a todos los incendios: el impacto del humo en la salud humana.

“El aire lleno de humo representa un problema de salud pública”, afirmó Kirk Weems, especialista en salud ambiental del condado de Eagle. “No es la ceniza visible en el aire lo que representa el peligro, sino las partículas ultrafinas”, explicó.

“Cuando hay humo en el aire, presumiblemente por incendios forestales, se generan partículas diminutas”, comentó el Dr. Joe Forrester, neumólogo de Vail Health. “El hollín que vemos son partículas grandes, que permanecen cerca del fuego… pero si estás a cierta distancia y ves la neblina cerca de ti, eso corresponde a partículas finas, y esas partículas pueden afectar el sistema respiratorio”.

Estas partículas pequeñas, de 2.5 micrómetros de diámetro o menos, pueden “penetrar en los bronquios y bronquiolos más pequeños, causando irritación, inflamación y problemas de salud en personas susceptibles”, agregó Forrester.

La mayoría de las personas experimentarán solo efectos leves y temporales, como irritación en la garganta o los ojos, dolor de cabeza, entre otros. Sin embargo, ciertos grupos, como personas con afecciones respiratorias preexistentes, bebés y adultos mayores, tienen un mayor riesgo de verse afectados por estas partículas.

“Los riesgos dependen de la cantidad de partículas finas a las que una persona está expuesta, la duración de esa exposición y la predisposición individual”, explicó Forrester. “Alguien con asma, bronquitis crónica, bronquiectasias o inflamación crónica de las vías respiratorias tiene mayor probabilidad de sufrir una exacerbación de su condición”.

Cómo afecta la neblina al cuerpo

“El sistema respiratorio es, en general, un buen filtro. La mayoría de las partículas grandes, como el hollín o la ceniza, no logran ingresar profundamente”, dijo Forrester. Sin embargo, las partículas de 10 micrómetros o menos pueden depositarse en los bronquios, provocando inflamación, dificultando la eliminación de secreciones y atrapando alérgenos.

Esto puede dificultar la respiración en personas vulnerables y empeorar afecciones preexistentes.
“Se ha observado un aumento en las visitas a salas de urgencias, mayor uso de inhaladores, irritación ocular e incluso infecciones del oído medio cuando hay mayor concentración de estas partículas”, señaló Forrester.

Incluso personas con afecciones leves pueden ver un agravamiento de sus síntomas durante días de mala calidad del aire.

“Aquellos con riesgo de asma o que ya han requerido tratamientos de urgencia deben ser especialmente precavidos”, advirtió Forrester.

Cómo analizar la calidad del aire

Existen formas sencillas de evaluar la cantidad de partículas pequeñas presentes en el aire. La más confiable es consultar el Índice de Calidad del Aire (AQI por sus siglas en ingles) en el sitio web AirNow.gov, de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. Un índice entre 0 y 50 se considera bueno, mientras que valores superiores a 150 se consideran perjudiciales.

Weems recomienda que las personas de riesgo consulten este índice de forma regular. También se puede hacer un análisis visual desde casa con la prueba de uno/tres/cinco millas: observar qué tan lejos se puede ver a través de la neblina.

“Cuando tomo mi café por la mañana, si puedo ver el tanque de agua en la colina sobre Gypsum, sé que tengo al menos una milla de visibilidad”, dijo Weems.

Según Weems, las personas mayores, niños pequeños y quienes tienen condiciones respiratorias deben evitar actividades al aire libre con solo cinco millas de visibilidad, y suspender completamente cualquier actividad al aire libre si la visibilidad cae a tres millas. La población general debería evitar estar afuera si la visibilidad es de una milla o menos.

Medidas de protección

Aunque es difícil evitar por completo el contacto con el humo, existen formas de reducir su impacto.

“Lo mejor que se puede hacer es sellar bien su casa, cerrar puertas y ventanas. Eso reduce hasta en un 50 % la entrada de partículas finas”, explicó Forrester.

Estas partículas son tan pequeñas —aproximadamente una quinta parte del grosor de un cabello humano— que pueden ingresar fácilmente a cualquier espacio abierto.

Las personas vulnerables también pueden crear una habitación de aire limpio en casa: una habitación interior bien sellada con un purificador de aire. Puede utilizarse un filtro HEPA o incluso construir un filtro casero con un ventilador de caja y un filtro de aire de 20×20 pulgadas con clasificación MERV 13 o superior.

“Estos filtros caseros han demostrado su eficacia en pruebas de laboratorio; eliminan una cantidad significativa de partículas del aire”, afirmó Weems.

También se puede acudir a refugios de aire limpio, como bibliotecas, centros recreativos o cines, especialmente si cuentan con doble puerta de entrada y sistemas de ventilación central.

“No es garantía de que el aire será perfecto, pero sí será mejor que estar afuera”, dijo Weems.

Las personas en riesgo deberían considerar el uso de mascarillas N95 al salir en días con un AQI de 100 o más, ya que esas mascarillas filtran partículas de hasta 2.5 micrómetros.

“Para quienes padecen enfermedades pulmonares obstructivas, usar una N95 reduce significativamente el riesgo de una crisis respiratoria”, dijo Forrester.

Trabajadores al aire libre también pueden considerar el uso de mascarillas en días de mala calidad del aire. Y quienes pertenecen a poblaciones vulnerables podrían beneficiarse al tener un oxímetro de pulso para monitorear su nivel de oxígeno, especialmente si presentan dolores de cabeza intensos, ya que podrían estar relacionados con bajos niveles de oxigenación.

Los atletas deben tomar precauciones

El Dr. Forrester recomienda que las personas que hacen ejercicio reduzcan su actividad en días con mala calidad del aire si comienzan a sentir síntomas.

“Si siente que algo no va bien, probablemente sea una buena idea detenerse”, aconsejó.

Una persona promedio respira unos 300 mililitros de aire 12 veces por minuto. Al hacer ejercicio intenso, puede inhalar un litro por respiración y llegar a 30 respiraciones por minuto, aumentando significativamente la exposición a partículas nocivas.

¿Existen efectos a largo plazo?

Los efectos a largo plazo de la exposición prolongada al humo de incendios forestales aún no se comprenden del todo, pero no hay evidencia clara que indique una preocupación inmediata.

“No existe aún suficiente información para dar una orientación clara sobre los riesgos (o la ausencia de ellos) de la exposición crónica a niveles moderados de humo”, dijo Forrester.

Los investigadores siguen estudiando este fenómeno, aunque reconocen que es complicado hacerlo debido a la naturaleza de los estudios epidemiológicos necesarios y la dificultad de controlar tantas variables.

Dado que los incendios forestales son cada vez más frecuentes, conocer cómo responder ante la neblina se vuelve más importante.

“Este problema ya está aquí. No se va a ir. Todo se está calentando, todo se está secando”, afirmó Weems. “Creo que cada vez saldrá más investigación que explique por qué debemos tener precaución con la inhalación de humo”.

De cara al otoño, Weems recordó que la temporada de incendios aún no ha terminado.

“Si tiene una condición grave, asegúrese de saber dónde encontrar los datos de calidad del aire que le indiquen qué medidas tomar”, concluyó. “Si va a salir de excursión y al salir de casa no puede ver a tres millas de distancia, pregúntese: ‘¿realmente necesito hacer esta caminata hoy?’”.

Para más información sobre la calidad del aire y los incendios forestales, visite el sitio web de la Agencia de Protección Ambiental: AirNow.gov, y la sección “Smoke Ready” del sitio de emergencias del condado de Eagle: ECEmergency.org.

Republicado por Aspen Times