Bianca Ochoa empezó a hacer ciclismo de montaña el año pasado. Ahora está considerando recorrer senderos más técnicos en su ciudad natal, Eagle, por terrenos que presentan muchas subidas y bajadas.

Grupo de ciclismo en Eagle, Mujeres y Pedales. Foto por Betsy Welch

Ochoa sale a pedalear con -Mujeres y Pedales-, un grupo que se reúne semanalmente en el condado de Eagle. Forma parte de The Cycle Effect, una organización sin fines de lucro conocida sobre todo por fomentar el ciclismo de montaña entre niñas.

Pero este grupo es diferente, como explica Brett Donaldson, cofundador y director ejecutivo de The Cycle Effect. “Empezamos el programa hace unos 15 años con chicas jóvenes y, con el tiempo, nos dimos cuenta de que necesitaban un espacio para pasear en bicicleta a medida que crecían. También sabíamos que sus madres, sus tías y sus abuelas querían pedalear con ellas. Pensamos que había un verdadero espacio para apoyar a las mujeres que pasean bicicleta de una forma en la nunca se había abordado o a la que no habían tenido acceso. Y eso es lo que hace que este programa sea tan mágico”.

Donaldson cuenta que el grupo de mujeres no inició como un programa formal, sino que creció de forma orgánica. Hoy en día, hay grupos de Mujeres y Pedales en los condados de Eagle, Summit, Routt y Mesa. Desde 2024, pasó oficialmente a formar parte de la programación de The Cycle Effect.

Todos los martes, entrenadoras bilingües llevan un remolque cargado de bicicletas de montaña a la piscina y pista de hielo de Eagle, donde inician las sesiones grupales. El programa arranca a principios de marzo con sesiones de entrenamiento en interior y luego se traslada a los senderos a medida que se derrite la nieve.

Incluso en una fría tarde de mayo, con temperaturas que rondaban los cero grados y una ligera nevada, 16 mujeres se presentaron para pedalear. Para muchas de ellas, esto no es solo un paseo en bicicleta. Es un momento único que pueden dedicar exclusivamente a sí mismas. Las bicicletas están listas, a la misma hora cada semana y lo que se espera es sencillo: solo hay que venir y pedalear.

Lisa Seaman, entrenadora de Cycle Effect, afirma que la estructura del programa es importante. “Creo que las mujeres tienen este sentido de pertenencia y agrupación en el que disponen de una noche para sí mismas. Muchas de estas mujeres tienen dos, tres o cuatro hijos, trabajos de tiempo completo, por lo que no tienen muchas actividades de entretenimiento ni tiempo libre”.

Para Bianca Ochoa, esa constancia le ha cambiado la vida. Tiene 37 años y cuatro hijos, y dice que durante casi dos décadas no ha tenido mucho tiempo exclusivo para ella. El ciclismo de montaña se ha convertido ahora en su pasión. “Quiero decir, es algo para mí, porque tengo cuatro hijos y he dedicado tantos años de mi vida solo a criarlos. Y esto es para mi salud física, mental y emocional. Para todo eso”.

Como muchas del grupo, Ochoa no vino aquí siguiendo el ritmo de sus hijos. Vino por sí misma y para estar rodeada de otras mujeres. “Disfruto mucho juntarme con estas mujeres, porque durante un tiempo me aislé un poco”, reflexionó Ochoa. “Puede ser difícil sobrevivir aquí, en este condado. Especialmente como madre joven, como madre soltera”.

La camaradería con otras mujeres fue precisamente lo que también atrajo a Carolina, una ciclista novata. Se ha incorporado este año a Mujeres y Pedales y ya ha encontrado un sentido de comunidad en el grupo. Describió en español lo mucho que le gusta la oportunidad de conocer a otras mujeres, la comunidad y los senderos.

Las salidas de Mujeres y Pedales se diferencian de los programas para chicas de Cycle Effect en que no son demasiado estructurados. No hay presión para dominar la técnica, así como tampoco seguir objetivos de rendimiento. Carreras en bicicleta es una opción para quienes estén interesadas, pero la mayoría no lo está. Por lo general, se trata simplemente de recorrer el bosque juntas, reírse y parar a tomar fotos. Ha sido muy exitoso. De media docena de ciclistas en 2018, el programa Mujeres y Pedales ha crecido hasta contar con más de 150 mujeres, con listas de espera en varios condados. Donaldson dijo: “Al ser mayores, son más capaces de expresar lo que esto supone para sus vidas. Son más capaces de apreciar lo que el programa les brinda, ya sea simplemente la libertad de salir en bicicleta o de alejarse de sus rutinas diarias.

“A veces, cuando hablas con una deportista de 12 años, no realmente lo entiende del todo. Solo piensa que va a entrenar. Así que creo que las mujeres acuden con un nivel de gratitud e interés por el deporte que algunas de nuestras deportistas más jóvenes aún no han podido desarrollar”.

Esa gratitud es por las bicicletas y el entrenamiento, pero también por una tarde fuera del hogar para disfrutar de la compañía de otras mujeres. Y entre gritos de “Vamos, chicas”, la ruta da inicio.

Traducción por Dolores Duarte para Sol del Valle