Solía haber un gran mal que recorría mi casa los sábados y domingos por la mañana. Su nombre era Margarita Vargas. Ella y la Sonora Dinamita atravesaban cualquier paz matutina que pudiera tener y me decían que no solo había comenzado el día, sino que ya había desperdiciado la buena luz del sol. Su clásico, […]
