Se llamaba Blucifer. Por un momento pensó en llevárselo. Pero finalmente prefirió quedarse con su propia bestia, Karonte, mucho más mitológica y, según él, con bastante más personalidad que cualquier caballo del aeropuerto.
Se llamaba Blucifer. Por un momento pensó en llevárselo. Pero finalmente prefirió quedarse con su propia bestia, Karonte, mucho más mitológica y, según él, con bastante más personalidad que cualquier caballo del aeropuerto.