El águila calva de Aspen Glen persevera tras la muerte de su pareja
Por Amy Hadden Marsh

Corresponsal de Sopris Sun

Traducción por Dolores Duarte

Las águilas calvas se aparean de por vida. Así es, a menos que una de ellas muera. Durante al menos dos décadas, una pareja de águilas calvas ha anidado y criado a sus polluelos a orillas del río Roaring Fork, en Aspen Glen, entre Carbondale y Glenwood Springs. Este año, el nido se llenó con tres crías empolladas que pasaron de polluelos a aguiluchos emplumados. Justo cuando la primera cría estaba lista para volar a principios de junio, el macho progenitor murió atropellado en la autopista 82. 

Delia Malone, vicepresidenta de Roaring Fork Audubon y ecóloga del Colorado Natural Heritage Program, es una de las cuatro personas de la zona que estudian las águilas. Ella y Sibel Tekce, residente de Aspen Glen, presentaron los resultados de su trabajo a los comisionados del condado de Garfield en abril para ayudar a preservar una zona de protección que ha estado en vigor alrededor de la zona de anidación y alimentación de las águilas desde 1992.

Malone declaró a The Sopris Sun que la pérdida del macho adulto ha sido dura para la hembra. “Primero tiene que alimentarse ella y luego proporcionar comida a los aguiluchos”, explicó. Y eso no significa dirigirse al comedero para pájaros más cercano. Alimentarse significa cazar o capturar peces, lo que requiere tiempo y energía. Mientras tanto, también defiende su territorio contra rapaces, córvidos y otros depredadores, y enseña a los aguiluchos a cazar y pescar. Todo ella sola. 

Malone observó que este año los aguiluchos abandonaron el nido más rápido de lo habitual. “Creo que probablemente es como los niños en casa”, dijo. “Si tus padres te están alimentando, ¿por qué irte? Pero probablemente la hembra no llevaba suficiente comida”. Añadió que los aguiluchos suelen permanecer cerca del nido durante cuatro o cinco semanas, perfeccionando sus habilidades de vuelo y caza, básicamente aprendiendo a ser águilas. “Durante este tiempo, los padres les proporcionan toda la comida”, explica.

La hembra ha estado volando entre el nido y las perchas cercanas, pero no se han visto crías. “La verdad es que ya no vemos mucho a los polluelos [de este año]”, dijo.

Malone cree que la hembra adulta está de luto por su compañero. Se sienta en la percha del árbol que compartieron durante tanto tiempo, observó. Y simplemente se sienta allí y allí se queda. El águila parece haber perdido el viento bajo sus alas. 

“Cuando volaban juntos, se notaba que estaban felices haciéndolo juntos y bailando”, dijo Malone. “Creo que aún espera que su pareja regrese. Lleva décadas regresando todos los días. ¿Por qué no regresó ahora?”.

El pretendiente

Otro macho de águila calva ha entrado en escena, pero la hembra no parece interesada. “Apareció una semana después de que [su pareja] muriera”, dijo Malone. “Estaban vocalizando juntos, pero entonces ella básicamente no aceptó sus avances”. Es decir, la hembra ignoró cualquier intento de unión. 

La ventaja, según Malone, es que el deseo de sobrevivir se mantiene. “El primer objetivo [de la hembra] es reproducirse y sacar a las crías del nido, porque reproducirse con éxito es inmortalidad”, afirma. “Sobrevivir está escrito en su ADN”. Y, al parecer, el nuevo macho no se ha rendido. 

Ningún sitio adonde ir

Malone dijo que es probable que la hembra de águila calva no abandone este tramo del río. “No hay ningún otro lugar al que ir”, dijo. “Observa el río, observa la urbanización, observa cómo las casas están de orilla a orilla a lo largo de casi todo el río, excepto en unas pocas zonas pequeñas”. 

Estos rapaces son territoriales, explicó. “Las águilas necesitan una zona para alimentarse y cuando una zona ya está ocupada, [una nueva águila] no puede llegar sin más”. Es crucial seguir protegiendo la zona de protección del águila calva de Aspen Glen.

Lo mismo ocurre con los alces y otros animales salvajes del valle Roaring Fork, cuyo hábitat queda sepultado por la urbanización o el desarrollo comercial. “La idea de que, si urbanizamos aquí, los animales se irán a otra parte… no existe. Pues no hay ningún otro sitio”, afirma Malone.

Cree que la muerte del águila calva es una metáfora de algo más grande. “El águila golpeada por el coche fue un pitido de cinco segundos en las noticias y se acabó, llas personas siguen haciendo lo que seguimos haciendo”, dijo. “Pero esto va mucho más allá de esa tragedia: Estamos en rumbo de colisión y la fauna está en el camino”.