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COVID de larga duración y su tratamiento

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Una de las características más distintivas — y preocupantes — del COVID-19 es la persistencia de los síntomas después de que las personas se han recuperado de la infección inicial por coronavirus. 

Denominadas formalmente secuelas posts-agudas del SARS CoV-2, la afección se ha convertido en algo más conocido como “COVID de larga duración” o “COVID persistente”; a las personas que la padecen se les suele llamar “paciente con COVID persistente”. 

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Los centros para enfermedad y prevención utilizan el término “afecciones post-COVID”, que se refiere a una variedad de “problemas de salud nuevos, que regresan o que están en curso” (incluyendo algunos como el síndrome inflamatorio multisistémico en los niños, que no se discute en este artículo) que duran cuatro o más semanas después de la aparición de COVID-19.

Independientemente del nombre que se use, las personas con COVID de larga duración pueden experimentar una gran variedad de síntomas. Se han identificado al menos 20. Algunos de los más comunes son la falta de aire, el dolor en el pecho, la elevación del ritmo cardíaco (palpitaciones), fatiga y pérdida continua del olfato y la “niebla cerebral” (es decir, confusión y problemas de concentración y memoria). 

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Otros van desde dolores de cabeza y de oído (incluida la pérdida auditiva) hasta sarpullidos y pérdida de cabello. Además de los daños pulmonares, otros órganos (por ejemplo, el corazón y los riñones) pueden verse afectados por COVID-19 y COVID de larga duración. Todavía no se sabe qué causa el COVID de larga duración, pero las teorías actuales incluyen el daño residual a los órganos por parte del sistema inmunitario del cuerpo, la persistencia de parte del virus en el cuerpo y una respuesta exagerada del sistema inmunitario del cuerpo al virus. 

El diagnóstico del COVID de larga duración se basa en gran medida en la experiencia del paciente con COVID-19 (es decir, los síntomas que experimentó mientras estuvo enfermo), en las pruebas físicas y psicológicas que permiten identificar los síntomas conocidos de COVID de larga duración y, si es necesario, en las pruebas de diagnóstico (por ejemplo, radiografías y electrocardiogramas).

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Identificar que los pacientes parecían tener síntomas persistentes después de que se creía que habían superado la infección inicial se dio poco después de que se notificaran los primeros casos de COVID-19 a finales de 2019. Sin embargo, debido a la novedad del COVID de larga duración, aún no hay un pronóstico sobre la duración o la gravedad de los síntomas. 

Algunos casos de COVID de larga duración se recuperan en semanas, mientras que para otros sus afecciones duran meses. 

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Al entrar ahora en el tercer año de la pandemia, los investigadores y el personal sanitario podrán reunir más información sobre el COVID de larga duración y su persistencia.

Jenny Queen, asistente médico del centro pulmonar del Hospital Valley View, dijo a The Sopris Sun que los enfermos graves de COVID — en el hospital y a menudo con respiradores — requieren “muchas semanas para recuperarse, y a menudo tienen daños pulmonares permanentes”. 

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Sin embargo, ella y los otros miembros del centro pulmonar, el neumólogo Dr. Suresh M. Khilhnani y los asistentes médicos Eleanor Haring y Jaime Ball, estaban viendo que aquellos con casos de COVID de leves a moderados (que generalmente no necesitan hospitalización, si es que la tienen) también estaban experimentando síntomas persistentes. “Esto fue a finales del invierno, después del alza en los casos”.

A principios de este año, Queen y sus colegas crearon una clínica de COVID de larga duración en el centro pulmonar, que, según Queen, sería “interdisciplinaria con médicos de atención primaria y especialistas para intentar coordinar el tratamiento” de los pacientes con COVID prolongado.

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Continuó diciendo: “Pensamos que sería útil para los pacientes tener un lugar seguro para la atención de lo que podemos tratar”, aunque admitiendo que “no hay muchas opciones de tratamiento”.

El centro opera la clínica una vez al mes, pero, señaló Queen, “si un paciente se pone en contacto con la oficina, intentaremos que nos vea”. En cuanto al tratamiento, “intentamos utilizar esteroides para disminuir los síntomas, pero una vez que los pulmones están dañados, no hay mucho que podamos hacer”. 

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La clínica también ofrece un programa de rehabilitación pulmonar en el centro pulmonar que incluye ejercicios físicos (por ejemplo, entrenamiento de fuerza y resistencia) y técnicas de respiración (como la respiración de yoga).

Queen advirtió que “la recuperación es muy, muy lenta… no hay una píldora”. Pero, añadió, “el tiempo es un buen sanador, y la mayoría de los pacientes suelen sentirse mejor después de unos seis meses”. No es de extrañar que “ahora mismo estamos un poco agobiados. Tuvimos un 2021 muy ajetreado”, y anticipó que el 2022 también lo sería. Continuó diciendo: “Tenemos suerte de tener este nivel de experiencia en este valle”, señalando que el Dr. Khilhnani es el único neumólogo de la región. Y, de hecho, la tenemos, desde la atención primaria para los pacientes de COVID en Valley View hasta los programas de rehabilitación tras la enfermedad, como los que ofrece el centro pulmonar. 

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Sin embargo, reiteró — como hace la gran mayoría de los trabajadores de la salud — “quiero decir que la mejor manera de prevenir el COVID es vacunándose”.

En julio de 2021, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. designó el COVID de larga duración como una discapacidad bajo la ley de estadounidenses con discapacidades.

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Tags: #coronavirus #COVID-19 #Ken Pletcher
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